El candidato en quien confiar

| JOSÉ LUIS MEILÁN GIL |

OPINIÓN

06 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

LA CARRERA electoral hacia el 14-M, ahora a tumba abierta, ha coincidido con primeras, segundas rebajas y últimas oportunidades hasta el remate total que aparece en los escaparates de los comercios. Los candidatos, desde las vallas fijas o como banderolas al viento, nos recuerdan las ofertas hechas en paralelo. Al consumidor/elector le surgen dudas acerca de la realidad de las gangas prometidas, con un cierto temor de si no estarán liquidando, sin más, las existencias, las últimas maderas a quemar en la pira de las urnas. Expuesta la mercancía, la cuestión final versa sobre el crédito de quien las vocea. Porque de eso se trata, ¿en quién confiar? Se ha convertido en uno de los puntos claves en la larga campaña americana. La confianza es un activo difícil de conseguir y si, una vez obtenida, se pierde es más ardua de recobrar. Los ciudadanos, en una democracia, tienen necesidad de conocer en qué y a quién se cree. Programa y líder son necesarios y se retroalimentan. En este último tramo la persona adquiere un singular valor, ya que va a ser habitual en las pantallas de la televisión de nuestras casas. En ese sentido me ha parecido buena idea un programa en el que he participado sobre la faceta humana de los dos principales candidatos. Por la misma razón quizá fuese conveniente verlos, solos o con otros, en un debate sosegado, lejos del ambiente de los mítines dirigidos a partidarios enfervorizados. De los candidatos provinciales conozco personalmente a algunos. Al que encabeza la lista del Partido Popular al Congreso más que a su homóloga del PSOE; más al alcalde-candidato al Senado que a sus compañeros y contrincantes. No conozco a mi tocayo Rodríguez Zapatero y sí a mi paisano Rajoy. En la entrevista para el citado programa televisivo conté una anécdota de su época de estudiante que me recordó él mismo. Al parecer, en el examen final de Derecho Administrativo en la facultad compostelana le di la calificación de sobresaliente. Fue aquél un curso especialmente bueno. La cuestión es que vino a reclamar, con escasa esperanza de que le fuese mejorada la nota. El resultado fue que obtuvo matrícula de honor. Debió convencerme -debí creerle- y con toda probabilidad lo haría de manera que hiciese posible la recalificación. La manera de ser y de comportarse influye, milítese o no en el mismo partido político. Traté a varios/varias titulares de Educación. De su breve etapa en el Ministerio he de testimoniar que a Rajoy los rectores, colectivo nada proclive al poder, le despidieron con aplausos junto con el secretario de Estado. Poco tiempo después, el desencuentro con una de sus sucesoras y el director general correspondiente durante la elaboración de la LOU ocasionó perjuicios a la institución universitaria. El sistema de listas cerradas no facilita la deseada ponderación entre persona y sigla. Sólo en las elecciones al Senado es posible realizarla al emitir el voto. Es el escaso margen que ofrece el sistema. El talante o las actitudes pueden terminar inclinando la balanza, para quienes no están ya decididos, a favor del candidato en quien confiar.