No es fácil informar

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

17 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

RESULTA difícil comentar algo más de lo dicho acerca de los importantes, mejor aún trascendentes, acontecimientos ocurridos este fin de semana; pero, aun a riesgo de ser recurrente, quisiera referirme a un hecho que a mí, como a todos los ciudadanos, nos ha producido una indignación también recurrente. Me refiero a la utilización de los medios informativos para difundir versiones de los hechos distintas a la realidad objetiva, y encaminadas a crear un estado de opinión coincidente con el que sería más conveniente a los intereses del grupo que en cada momento detenta el poder. Cierto que no es nada nuevo, desde luego, ya que en la última etapa del Gobierno socialista se había producido una manipulación e intervención de los medios de comunicación públicos y privados que recordaba tiempos predemocráticos, que es cuando este tipo de situaciones encuentran su asiento habitual. Sin embargo, después de una legislatura acertada en muchos aspectos, tal vez la más brillante de la democracia española, el Partido Popular emprendió la segunda legislatura con una actitud intervencionista en exceso que en nada recordaba a la anterior. Ocurrió con el Prestige , se repitió en numerosos acontecimientos derivados de la intervención en la guerra del petróleo, en las relaciones con el reino marroquí, en los problemas suscitados por la constitución del Gobierno catalán y, finalmente, con la empecinada atribución a la banda terrorista vasca de los dramáticos atentados de Madrid. Esto fue especialmente grave por la proximidad de las elecciones y por la pertinacia en situar el terrorismo nacional en el gozne de la campaña electoral, una bomba latente que también esta vez estalló, aunque fuera en la opinión pública. Muchos pensamos que el grave error de comunicación fue uno de los factores determinantes para el cambio de voto, tan grave que en algunas ocasiones parecía ser obra de un psicópata más que de un responsable político. Aun admitiendo que tras esa apariencia hubiera buena intención, lo cierto es que una de las peores sensaciones que experimenta el ciudadano es aquella que se produce cuando siente que desde una situación de prepotencia o de control de los medios se le intenta engañar, como se dice en términos populares, cuando se pretende hacer comulgar con ruedas de molino. Esa sensación de engaño predispone lógicamente al receptor de la información en contra del emisor, porque la mentira, e incluso la sensación de mentira, es una de las principales manifestaciones de falta de respeto a los ciudadanos. Sobre la falta de respeto no se puede construir nunca la convivencia y mucho menos una sociedad democrática que debe estar basada en la confianza mutua, en la credibilidad y en la búsqueda del bien común, el de todos, por encima del bien particular, el de los grupos políticos. Lo que sucedió es, sin duda, una buena lección para los que momentáneamente han de dejar vacante el poder político, pero también para los que ahora tomarán posesión del mismo, y asimismo para quienes en otras instancias de gobierno (municipal, provincial, autonómico) siguen detentando el poder. La lección es clara, la manipulación persistente de los medios de comunicación termina siempre volviéndose contra los que la provocan y también contra los medios que se prestan a ello, tanto sea por depender del propio gobierno, o por intereses económicos, de influencias o cualquier otra contrapartida. En segundo lugar, dada la multiplicidad de accesos a la información de que actualmente se dispone (Internet, e-mail , móviles), siempre hay canales de comunicación imposibles de controlar, ni tan siquiera legalmente. Ahí está como ejemplo esa manifestación que se produjo en tantos lugares de España al final de un maltrecho día de reflexión. No teniendo información cierta de cómo se inició, ni de quien pudo convocarlas, no puedo opinar sobre ello. Pero lo que aquí me interesa es destacar como por canales informales, incontrolables, espontáneos, muchos ciudadanos y especialmente los jóvenes disponen de nuevas vías para expresar públicamente su punto de vista. Otro modo de opinión pública, cada vez más influyente, aunque cada vez también menos controlable. Es una nueva realidad que abre impensables caminos a los procesos de transmisión de la información. En una mayor aproximación a la verdad, cuyo conocimiento es lo que interesa. Claro que también puede contribuir a la confusión y al aumento de la incertidumbre. Interesantes retos estos de la comunicación.