CON LA VICTORIA socialista en España bien podría decirse que se ha reforzado lo que el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, llamó con desprecio «la Vieja Europa», en referencia al eje franco-alemán. Es la forma de verlo desde la perspectiva de los neoconservadores estadounidenses. Sin embargo, la realidad es que estamos ante una Nueva Europa, que no es la que soñaron Bush, Blair, Aznar y otros seis líderes europeos, sino la que es fruto de la suma de sus 27 países miembros, y que debe organizarse de modo tal que, además de funcionar, sea capaz de generar una esperanza común, un horizonte de ilusión compartida. Una Nueva Europa que necesita una Constitución con urgencia, pero que no quiere entronizar una supremacía franco-alemana, sobre todo en una hora de líderes europeístas con poco fuelle. Es razonable que, después de los resultados electorales del 14-M, España se realinee con Francia y Alemania, pero no de un modo incondicional o seguidista, algo que no sería entendido por los ciudadanos de nuestro país. También Francia y Alemania tienen que realinearse y rectificar, y, desde luego, reubicarse dentro de eso que llamamos Occidente. No es necesario atribuirle al eje París-Berlín todos los aciertos para poder condenar con mayor autoridad la política belicista de Bush, que ha creado la ciénaga de Irak. No. La alianza París-Berlín-Moscú (que tanto sobresaltó a los países del Este, sobre todo a Polonia) y el fomento de un antiamericanismo radical en las calles no fueron opciones responsables, aunque fuesen electoralmente útiles (Schröder siguió en el Gobierno porque se apuntó a ese antiamericanismo, aunque desde entonces no ha parado de hacer muestras públicas de reconciliación con EE.?UU.) He escrito muchas veces en estas páginas contra la guerra de Irak y contra el gabinete estadounidense que la hizo inevitable. No es cuestión de repetir lo dicho. Pero sí es el momento de pedirle a España una aportación decisiva que sitúe la solución del conflicto en el ámbito de la ONU. Es algo que no logró el eje franco-alemán, pero que puede ocurrir ahora. Sería todo un signo de vigor de España y de la Europa de los 27.