El cielo no está siempre azul

| RAMÓN BALTAR |

OPINIÓN

LA DESTEMPLADA reacción de los perdedores del 14 y sus heraldos mediáticos corrobora la oportunidad y justeza del vuelco electoral. No podían seguir gobernando España quienes menosprecian la voluntad de los españoles. Así, quieren atribuir el batacazo a la sola conmoción emocional del electorado. Sin razón suficiente. Primero, porque lo normal es que ante grandes amenazas o calamidades públicas los electores aprieten filas con los imperantes de turno. Segundo, porque en todo caso la alteración de los ánimos afectaría a todos los votantes, y no sólo a los de una parcialidad. Un poco de seriedad: los millones de votantes del PP no merecen que se les acuse de actuar por miedo y al dictado de dedos ajenos. De esta explicación sacan otra, políticamente sucia y peligrosa: que los ganadores de las elecciones son los terroristas y que gobernará Bin Laden por Zapatero interpuesto. Pero a los terroristas islámicos les importará un pimiento el color del partido que gobierna a sus enemigos, y la fecha elegida más tiene que ver con la repercusión publicitaria y los simbolismos. Por lo demás, concederles la capacidad de mediatizar al cuerpo electoral con mítines de sangre debilita nuestra democracia. Y luego la guinda de la obcecación temeraria: desclasificar ciertos informes del CNI para justificar las (in)decisiones gubernamentales. Si no hay gato encerrado, supone que nuestros servicios de inteligencia no justifican el sueldo. Si lo hay, valiente ganancia: el Gabinete no salva su culo y pierde la cara un servicio de seguridad fundamental. Pero que nadie se alarme: los populares no se echarán al monte. Por fortuna, tienen dirigentes con cabeza y experiencia para hacer las correcciones de rumbo necesarias y volver a poner el partido a disposición de electorado. Cuando toque.