EL PASADO AÑO se aprobó la ley de las grandes ciudades, un instrumento jurídico para dar una respuesta a algunas de las demandas generadas por la concentración creciente de la población en grandes ciudades. Dentro de los límites demográficos establecidos para la consideración de gran ciudad (creo recordar que sobre los 200.000 habitantes) se incluían nuestras dos ciudades mayores, es decir A Coruña y Vigo. Al aplicar la ley, las corporaciones municipales pueden adoptar una fórmula de gobierno más funcional, más profesional, más ágil, más adaptada a la creciente complejidad de la gobernabilidad de las grandes ciudades. También se implanta un sistema más participativo para que los ciudadanos intervengan en la gestión de la ciudad, en la confección de los presupuestos, en la distribución de las inversiones. Un avance sin duda en su democratización. Para ello la gran ciudad debe dividirse en distritos urbanos cuyo tamaño haga eficiente el modelo. A Coruña ya empezó y Vigo lo está estudiando, en ambos casos con la necesaria cautela. Como era de esperar, otras ciudades pequeñas -que por eso no eran grandes- vieron en su inclusión una nueva oportunidad. Santiago inició la andadura amparándose en su rango de capital regional, ya que con Toledo y Mérida era la única capital autonómica que no estaba incluida en la aplicación de la ley de las grandes ciudades. Ahora nos dicen que las cinco ciudades gallegas que no eran grandes ciudades van a serlo también. Miren ustedes por donde estoy cayendo en la cuenta de vivir en un país de grandes ciudades. Yo siempre había escrito que Galicia tenía un sistema urbano policéntrico formado por ciudades medias y pequeñas. Sin duda una cuestión de percepción. Claro que la mía era una perspectiva europea. Reconozco mi error. No podía ser de otro modo, por cuanto un país en donde todas las ciudades tienen su recinto ferial, su palacio de congresos, su auditorio-palacio de la ópera, su universidad, y casi su aeropuerto tenía que ser, por necesidad, un país de grandes ciudades. De lo contrario, ¿cómo se justificaría tamaño despilfarro? Puesto en esta nueva tesitura, no alcanzo a comprender todavía cómo van a dividir el término municipal en distritos. Supongo que serán dos. Uno urbano y otro rural, rururbano o periurbano, depende de cómo se le quiera denominar. Y miren por donde, lo que nació para ayudar a resolver los problemas de las grandes ciudades terminará sirviendo para mejorar el rural periurbano. No deja de ser una aportación. Sólo me queda animar al buen alcalde de Lalín para que acelere su proyecto de fusión municipal en la comarca del Deza. De este modo, al superar los 75.000 habitantes, también Lalín podrá convertirse en gran ciudad. Estoy seguro que la gran ciudad del Deza marcará la pauta de un antes y un después en la conceptualización territorial de Galicia. Siempre henos dicho los que escribimos de estas cosas que la ciudad era el motor del cambio, de la modernización, de la innovación, del desarrollo. Ya en 1962 publiqué un trabajo titulado Galicia. La red urbana y el desarrollo regional . Ahora resulta que las que tenían que producir el cambio terminan en la involución, en el anticambio, porque siguen contribuyendo al reforzamiento de los localismos; aunque cada una por separado diga que la causa de que no crezca más está en el localismo de las otras. Lo dicho, el futuro está en la gran ciudad de Lalín.