Vega, Antonio

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

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30 mar 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS ZARZAS del pelo casi le tapan los ojos. Los ojos son como canicas de niño que están por el suelo. Enciende un pitillo y ni lo fuma. El pitillo se quema en los labios, hasta que casi se quema él. ¿Una metáfora de su propia vida? Antonio Vega (Madrid, 57, sagitario), ex Nacha Pop, ex Marga del Río (mujer de cartas boca arriba), es un artista singular, auténtico. Lo entrevisté hace unas canciones junto al estribillo de las olas en una playa y me quedó la sensación de haber entrevistado a una persona muy frágil. Recordé aquella definición abrumadora, exacta, de un experto: «Los drogadictos son enfermos de amor». Me dieron ganas de dejar las preguntas para darle un abrazo. Antonio se deja llevar al sitio de su recreo. Es terrible, pero es así. Ahora firma duetos y versiones de Serrat, Antonio Flores... Escapadas, le llama. Su voz toca el corazón con la estocada de una pluma. Es inalcanzable para los demás del pop español, una nube. Los de OT son cagarrutas a su lado. Este tipo nos tenía que durar siempre. Si supiera cantar, me encantaría entonarle agárrate fuerte a mí, Antonio, para no tener que llorarle, como nos pasó con Enrique Urquijo, el mayor de los Secretos que compartimos. cesar.casal@lavoz.es