LA REGIONALIZACIÓN aletea en el corazón de los Estados de la UE, que empiezan a percibirse como demasiado rígidos y uniformes. Y, en los períodos electorales, rompe algunos barrotes de su jaula y aflora, abanderada unas veces por la izquierda y otras por la derecha. Así ocurre en Portugal y en Italia, que ya se replantea -no sólo Bossi- su modelo de pacata descentralización político-administrativa. Y así se observa también en las recientes elecciones regionales francesas. Es cierto que éstas se han jugado básicamente sobre una dialéctica izquierda-derecha. Pero también lo es que la regionalización ha influido mucho en el resultado electoral. Las promesas de Raffarin en este punto no se han cumplido y de ello se ha aprovechado la izquierda para ganar en al menos 21 de las 23 regiones. La socialista Ségolène Royal ha dicho que es hora de empezar a tomarse en serio la política de descentralización. Esto ocurre en la Administración más centralista del mundo.