«DETRÁS dos biquiños veñen os meniños», nos decían en la tierna y pretérita adolescencia para advertirnos de los peligros del amor, y nada. Pasan los años y seguimos igual, o sea, nada. Un informe nos revela que los jóvenes de hoy conocen bien los métodos para evitar embarazos indeseados y enfermedades de transmisión sexual, pero ni se abstienen de la relación ni los usan; si es el preservativo, dicen, por miedo a que se rompa; si la píldora, porque es una lata tomarla todos los días. Con estos temores y flojeras, las peticiones de la píldora postcoital se disparan. Mientras las mayorías se andan con estas excusas, una niña -diecisiete años- embarazada vive su particular infierno en un centro de acogida coruñés. Huyó de un padrastro violador a los 16, volvió a huir de un centro de menores miserable en Andalucía. Pero su embarazo seguramente es deseado: ser madre para alejarse de una infancia terrible, hacerse una madurez al microondas. Esto sí que es para tener miedo.