Políticos con sueldos dignos

OPINIÓN

02 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ESPAÑA tiene que revisar los sueldos de sus responsables políticos nacionales, ahora que estrenamos una nueva Legislatura. Un país como el nuestro, octava potencia industrial del mundo (931.000 millones de dólares de Producto Interior Bruto -PIB-) y con una renta per cápita de 22.690 dólares, que nos sitúa entre las veinte más importantes, según datos de la revista británica The Economist en su edición The Worrld in 2004 , no puede mantener por más tiempo esta situación. Empieza a ser indecente y hasta cierto punto peligroso que el presidente del Gobierno tenga una asignación de 72.000 euros anuales (menos que la mayoría de los alcaldes) o que los congresistas y senadores ingresen a duras penas 60.000. Pagar poco a nuestros representantes del poder Legislativo y Ejecutivo central es no reconocer el papel básico que desempeñan en una democracia parlamentaria o indicarles indirectamente que deben procurarse ingresos por otras vías. La primera es una razón mezquina y políticamente peligrosa, y la segunda es inmoral y propia de países corruptos en donde el robo entre los servidores de la cosa pública alcanza niveles de expolio, con empobrecimiento del país y pérdida de la decencia pública y la moral cívica. Cada vez que se ha planteado el asunto para corregir la anomalía han surgido voces y posturas editoriales demagógicas contrarias a la medida, alegando razones de escaso peso o de alto nivel de estulticia. Y, sin embargo, estos mismos medios y muchos ciudadanos admiten complacientes el trasiego económico inmoral de los insignificantes, esos que Christine Ockrent, una de las más conocidas profesionales de la televisión francesa, define como los don nadie . Son la prostituta de fiesta, copa y cama; el representante proxeneta lenguaraz y televisivo; el fisgón embaucador, creador de historias inventadas y propagador de bulos a mil euros la palabra; el despechado novio de la ex reina de belleza de la fiesta de primavera; la sirvienta infiel o el ex conductor temporero del tramposo y delincuente, los que, como dice Ockrent, se vengan contra las elites de esta sociedad que está exigiendo la reflexión sociológica para estudiar la causa de sus males. Si esta sociedad no es capaz de entender que hay que premiar el valor del esfuerzo y la dedicación; la honestidad y la dignidad de los cargos públicos para cuyo ejercicio se requiere preparación, honradez y valía, estaremos contribuyendo a que también lleguen a ellos los bufones de los fuegos de artificio y de ahí a la degradación y el asalto a la caja quedará un paso corto.