ES INÚTIL buscarle un sentido al derramamiento de sangre. Es absurdo intentar interpretar desde un punto de vista político o ideológico las actuaciones de aquéllos que se consideran en posesión de la verdad absoluta y respaldados por la única fe verdadera. Imbuidos por la razón que les da un atávico sentimiento de injusticia, los terroristas, sea cual sea el pensamiento que alegan seguir y defender, son unos asesinos a sangre fría cuyo objetivo es matar al mayor número posible de personas y, si es preciso, suicidarse llevándose consigo la vida de muchos inocentes. La única forma de combatirlos a ellos y a su fanatismo es demostrándoles que no sólo las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado los persiguen, sino que todos los ciudadanos estamos unidos como una piña contra ellos. Como miembros de esta sociedad y, por lo tanto, también parte de esta lucha contra el terror, los que tenemos el privilegio de hacer llegar nuestras ideas al público debemos de ser extremadamente cuidadosos en el uso de las palabras. Si la misma tarde del aciago 11-M, Loyola de Palacio recriminaba duramente a la BBC por empeñarse en calificar a ETA como grupo independentista y no terrorista, también deberíamos reprobar el uso de la palabra inmolación para describir el suicidio de los terroristas fundamentalistas islámicos del pasado sábado. Y ello porque si bien estos canallas asesinos sacrificaron su vida, no podemos aceptar que lo hicieran por un ideal, sino porque, viéndose acorralados, prefirieron morir antes que enfrentarse a un juicio. No ha sido una inmolación, sino un suicidio liberador. Nada es más humillante para ellos que someterse a la justicia humana de un país infiel y agresor, nada más insoportable que ser considerados criminales. Puede que ellos se justifiquen a sí mismos calificándose de héroes y mártires de su causa, pero son sólo asesinos. No lo olvidemos. Cualquier otra definición sería un insulto para los muertos y heridos del 11-M y el geo caído el pasado sábado. Respetemos su memoria y llamemos a las cosas por su nombre.