CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
06 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LES PRESENTO a Mari Ángeles Madero. ¿No les suena de nada? Claro. Lo sabía. Me explico. Tiene 35 años. Vive en Sevilla. Su marido ya no vive en Sevilla y tenía también 35 años. Él se llamaba Benjamín Olalla. ¿Tampoco les suena, verdad? Eran novios desde los 16 años. Se casaron a los 24. Les gustaban los viajes y la feria de abril. A veces nadaban juntos. Aquel día, ella le dijo, fue la última conversación que tuvieron: vete tú a la piscina, a mí no me apetece. Ella lleva seis meses con ayuda psiquiátrica. Acude a terapia en el teléfono de la esperanza y ha contactado con la asociación de víctimas de accidentes de tráfico. Ella sólo pide justicia, de la de verdad. Le dan igual las lágrimas del acusado y recuerda que se entregó cuando lo descubrieron por unas escuchas policiales. Es triste que Mari Ángeles y Benjamín no nos suenen de nada. A que si digo Farruquito saben de qué hablo: de un atropello. Al bailaor lo vimos todos llorar. Las seis horas de Benjamín en la UCI antes de morir no salieron en la tele. Mari Ángeles, su viuda, también llora, todos los días desde hace seis meses. ¿Quiénes son las víctimas? La fama lo pervierte todo. Que no atropelle el sentido común que se le supone a los jueces. cesar.casal@lavoz.es