HASTA AHORA el genérico «padres» incluía al padre y a la madre de un estudiante; por eso a las Asociaciones de Padres de Alumnos se les llamó APA. Sin embargo, la experiencia demuestra que del colectivo «padres» suele ser la parte «madres» las que realmente se preocupan de las relaciones familiares con el centro docente. Por esta razón, algunos centros han decidido que estas organizaciones se llamen AMPA o ANPA: Asociación de Madres y Padres de Alumnos o Asociación de Nais e Pais de Alumnos. Con razón, a cada cual lo suyo. Suele darse la circunstancia de que el padre del alumno tiene que estar muy sensibilizado políticamente para que participe en la marcha del centro docente, mientras que la madre muestra más preocupación real por la marcha educativa de su hijo, con un trato más frecuente y directo con los profesores. Pero aún así se puede afirmar que es muy poca la relación de las familias con el centro educativo donde los hijos pasan muchas horas al día. Esto puede suceder porque se fían de la educación que imparten los profesores y la filosofía del centro, o porque no tienen tiempo para estar pendientes de los métodos de enseñanza de los docentes. Quizás sólo salta la alarma cuando el niño o la niña se quejan de algún tipo de violencia, real, ficticia, virtual, insinuada o inventada, por parte de alguno de los miembros del claustro. Aunque, por otra parte, nadie se preocupe de la violencia real que ejercen entre sí los propios alumnos y alumnas. Sin embargo, el sentido común parece indicar que los padres y las madres de los estudiantes deberían estar mucho más implicados en la educación de sus hijos. Esta implicación debería ser mucho mayor en los centros públicos, aunque la enseñanza no les cueste tanto dinero como en los centros privados. Si los padres y las madres, los dos juntos, asistieran con más frecuencia a las reuniones de las APA o ANPA, se preocuparan más por el tipo de educación que reciben sus hijos, adquirirían más protagonismo en el sistema educativo público y privado. Y si adquieren más protagonismo en el sistema, habrá mucha más libertad de Enseñanza. Pero no ayuda a esta libertad el hecho de que las APA actúen por criterios políticos, como sucede cuando sólo asisten a las reuniones los papás más militantes políticamente, cuando sólo son ellos los proponen iniciativas, los que votan líneas de actuación; mientras la gran mayoría de papás se quedan en casa lamentándose o sin llegar a saber quién y cómo se deciden temas fundamentales de la educación de los hijos. Una mayor participación de los padres en estas asociaciones permitiría más propuestas, permitiría decidir realmente sobre las materias polémicas como la religión o la ética, sin la que los alumnos suelen estar más perdidos que muchos de sus profesores. Permitiría decidir sobre la libertad de centros, el nombramiento de los directores, el trato que reciben los niños entre sí, el nivel académico alcanzado, si deben o no deben repetir curso, si los profesores deben tener autoridad o es mejor que estén sometidos a los alumnos, si debe haber algo de disciplina en la actividad docente, y ya no digamos si debe enseñarse o no urbanidad, como quería mi abuela.