El colchón canario

| JOSÉ LUIS MEILÁN GIL |

OPINIÓN

10 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EN LA PASADA campaña electoral el candidato de Coalición Canaria declaró sin rebozo: «No nos avergüenza colaborar con el PP», como hicieron, en efecto, durante la pasada legislatura. Se hacía la confesión en un escenario muy diferente al que resultó de las elecciones del 14-M. La explicación de su postura era diáfana. Reconocía paladinamente que Coalición Canaria había logrado para las islas «más beneficios en las últimas dos legislaturas que en los últimos quinientos años», sin necesidad de coaligarse con el PP. El decorado cambió desde aquel pronunciamiento. De acuerdo con el nuevo, Coalición Canaria no apoyó al PP en su pretensión legítima de obtener la Presidencia del Senado, para la que les faltaba el mismo número que consiguió aquella fuerza política. El argumento de ayudar a la gobernabilidad, que encubre formalmente el interés, explica que Coalición Canaria haya preferido otra pareja para el baile que se abre con la primera sesión del Congreso. La configuración del próximo Congreso de los Diputados propicia esos movimientos tácticos. Desde un punto de vista teórico se corresponde con el sistema electoral, basado en la proporcionalidad, que debe mucho al momento constituyente y que defendí en sede parlamentaria. No impide las mayorías absolutas como la realidad ha demostrado. Pero en aquel momento se prefería no darles facilidades. La historia vivida desde entonces enseña que el sistema ha de ser juzgado más desde cada circunstancia y menos desde la mera teoría. Sería aconsejable en este presente recuperar algo del espíritu constituyente. El río de la historia arroja en sus revueltas sorpresas y enseñanzas. En la Segunda República, Azaña presidió gobiernos con fuerzas políticas de mayor respaldo electoral que la liderada por él. En el reciente pasado, el PP, labrando enemistades explícitas en algunas comunidades autónomas -Aragón, Cantabria o Baleares- y acaso larvadas en otra, por su estrategia de ahogar o reducir, salvo en Navarra, partidos que representaban o intentaban representar una versión de sentimientos e intereses de su comunidad. El momento actual ha puesto en evidencia, como paradoja o como reacción biológica de la democracia, que partidos pequeños en el conjunto de España, pero relevantes en territorios autonómicos, pueden jugar un papel determinante, con el correspondiente rédito para quienes representan. La mayoría relativa permite condiciones y necesita de algún colchón para gobernar con comodidad.