ZPlan

| ALFREDO VARA |

OPINIÓN

17 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ENTRÓ AYER en la Moncloa con el aire tímido de quien, en el fondo, no se lo esperaba. Al menos, no tan pronto. Lo llevaron en volandas once millones de votos, fruto en opinión de muchos de la mayor oleada de indignación ciudadana de la historia reciente contra la sordera de un Gobierno que no quiso escuchar la voz de quienes lo habían instalado en el poder. Supo despertar esperanzas entre quienes demandaban otra forma de gobernar. Ofreció diálogo hasta la extenuación y logró incluso que los nacionalistas gallegos apoyasen por primera vez la investidura de un presidente del Gobierno central. Lo consiguió a pesar de que Galicia apenas estuvo presente en sus reiteradas intervenciones a lo largo de la sesión de investidura. Hasta entre los participantes en el debate de la edición electrónica de La Voz ha conseguido generar ilusión y son más los que creen que cumplirá el Plan Galicia que los que se muestran convencidos de que no lo hará. Es una enorme responsabilidad para el nuevo presidente. Semejante ola de esperanza no es, ni mucho menos, un cheque en blanco. No le va a permitir ni acercarse a la leonesa Babia que describe magistralmente Xerardo Estévez en la columna de al lado. Galicia le va a exigir que detalle lo que no concretó en las dos jornadas del debate de investidura. Va a demandar un nuevo ZP. Un ZPlan.