Comienza otro ciclo

OPINIÓN

18 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DIÁLOGO Y CAMBIOS, por lo menos en el talante, por lo menos en el primer encuentro parlamentario del que han salido los compromisos para ser Gobierno. Cinco legislaturas en el Parlamento vasco me han dado experiencia para notar lo nuevo y no dejarme impresionar por lo viejo, disfrazado de nuevo, para el momento. Nuevos son los dos dirigentes de la vida parlamentaria. Uno, desde la oposición, ha estado más suelto que en la campaña, más a su manera de gallego listo con memoria de brillante opositor, de parlamentario que hace de las preguntas a estilo fiscal instrumento para poner en el filo de la navaja a quien debe examinarse, no para lograr los votos que ya tenía, como para mostrar, ante la opinión pública, que hay mucho más que gestos y palabras, evitando aquello que se dice: «Del dicho al hecho¿». Otro, que ha logrado el sueño que parecía imposible. Primero como conductor de un partido que tras Felipe González parecía a la deriva, y luego, logrando ganar unas elecciones que tenía perdidas a la mitad de la campaña electoral. Éste, que se ha empeñado en algo poco común: «Haré honor a la palabra dada». Frente a estos dos parlamentarios, que protagonizan la nueva legislatura, un Duran Lleida, arcaico, gagá , dolido. Quizá para dar, definitivamente, la entrada a un nuevo nacionalismo dirigido por Carod-Rovira. No sé sí para mejor o peor; pero capaz, gracias a los errores del PP, para ser el eje de la tercera vía que podrá vertebrar o no el Estado. Pero me resultaba chocante la brillantez de ZP y Rajoy, mientras el líder de CIU se empeñaba en ser la voz y el espíritu de una Cataluña que ya les ha negado tal monopolio; o con una cita al estilo del taciturno personaje del casino provinciano, que auguraba la vuelta de los liberales de CiU al Gobierno catalán, como las cigüeñas al campanario. Curiosa la notoriedad que han alcanzado las selecciones deportivas nacionales como símbolo para la autodeterminación. Curiosa la notoriedad del Plan Hidrológico, mostrando que el agua de los ríos une o separa a comunidades de la seca Iberia. El terrorismo vasco se ha visto superado por el islámico; pero nadie parece darse cuenta de que mientras el primero es de un país con privilegios, el segundo es el arma de los pobres en una guerra desigual, por la supervivencia. Ni una mención a los jóvenes, a pesar de haber sido los causantes del cambio. Quizá por miedo a su protagonismo.