¿Voló el AVE del Cantábrico?

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

BOUZA

21 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

MUY ATRÁS queda aquella imagen del Norte de España (Galicia excluida) como referente industrial, económico y financiero. Era el único eje de desarrollo en una España rural, atrasada y conservadora. Han pasado muchas cosas: la desindustrialización de sus economías urbanas, la deslocalización financiera, la crisis de la industria pesada y de la minería; el viejo Norte entró en una reconversión inacabada. En contraste, el progreso se orientó hacia el triángulo del desarrollo español (Bilbao-Barcelona-Madrid con Zaragoza en el centro) y se expandió después hacia el eje mediterráneo, consolidándose el cuadrilátero Madrid-Valencia-Barcelona y el eje del Ebro. En el viejo Norte, la conflictividad laboral y sociopolítica, la inercia de un mercado de trabajo fuertemente sindicalizado y reivindicativo, la ausencia de iniciativas empresariales sustitutorias, la incapacidad para generar entornos innovadores y la desarticulación territorial fueron sumandos añadidos. Mientras tanto, y a la vez que el eje mediterráneo se consolidaba, el anterior Gobierno socialista puso en marcha un experimento fracasado para convertir a Sevilla en la metrópoli que habría de servir de eslabón entre Europa y el Norte de África. En los últimos años, esa situación empezó a cambiar. Las ciudades cantábricas y los propios espacios regionales repensados según el modelo de la ciudad región, experimentaron un tardío pero eficiente avance modernizador, con diferencias entre unos territorios y otros. A ello se añadió el eje atlántico gallego y su prolongación hacia el mediodía portugués. Un nuevo sistema de ciudades maduro y avanzado se consolidó, aunque con segmentos críticos sin resolver adecuadamente (Ferrol, por ejemplo). Ciudades renovadas, competitivas, con imagen de marca, y capaces de insertar con éxito nuevas centralidades terciarias. Sólo una cosa permaneció como antes: la carencia de infraestructuras de conexión, tanto en el sentido transversal o litoral como en la conexión con la Meseta. Este último objetivo -salvo Cantabria- se ha ido cumpliendo, pero la autovía del Cantábrico avanza lentamente. La apuesta del anterior Gobierno del Partido Popular por estas infraestructuras fue decisiva, pero la ruptura total del aislamiento y la articulación del sistema de ciudades requieren ampliar las acciones para convertir en realidad la idea de un nuevo eje cantábrico; concebido como una plataforma de ciudades, capaz de integrar el conjunto del arco atlántico, lo cual es ahora más urgente desde que nuevos ejes de desarrollo emergen en los espacios orientales europeos. Hubo un momento en que todo esto parecía iba a ser alcanzable, una promesa brilló como una luz: el anuncio de un trazado ferroviario de alta velocidad de Ferrol a Bilbao. Para mí esa fue la gran novedad del Plan Galicia. Un anuncio que a muchos nos hizo renovar ilusiones. Al fin iba a ser verdad la idea de un eje cantábrico percibido como un corredor urbano policéntrico, un eje de integración para la periferia atlántica europea. Un proyecto que se traducía en la conexión en tiempos competitivos de las regiones urbanas cantábricas para formar una potente plataforma metropolitana. La imagen del viejo Norte empezaba a rejuvenecer. Pero a la vista de la información circulante, hay un temor fundado y generalizado de que la nueva etapa socialista pueda significar la paralización del proyecto. Confío en que el actual presidente español, que tan bien debería conocer el valor estratégico del cuadrante noroeste, en el cual la ciudad de León encuentra sus mayores ventajas comparativas, se convierta en un nuevo defensor de este espacio, y que la ministra del ramo, aun siendo andaluza, sepa seguir los pasos del antecesor asturiano. Los socialistas gallegos tienen ahora la palabra, y la posibilidad de demostrar con hechos que son una alternativa eficaz para Galicia; porque el Gobierno popular ya lo ha hecho. El eje cantábrico no podrá soportar otro retraso. No tengamos que tararear de nuevo aquella canción que nos hablaba de un ave -el cóndor- que pasaba de largo en su vuelo hacia el sur. Esta muy bien que el cóndor pase, pero el AVE que se quede.