Leal oposición

MANUEL MARLASCA

OPINIÓN

DESPUÉS DE cuatro diferentes presidentes de gobierno y de dos alternancias seguimos sin saber lo que es la leal oposición, aunque todas cuantas lo han sido hicieron la correspondiente declaración de principios, más o menos en los términos que lo acaba de hacer Mariano Rajoy: oposición firme y leal, vienen a decir todos. Porque la oposición del PSOE de Felipe González a los gobiernos de Adolfo Suárez no fue tal, sino acoso y derribo, a lo que contribuyeron algunos caballos de Troya dentro de la propia UCD. El gobierno de Calvo Sotelo fue un importantísimo paréntesis (ingreso de España en la OTAN y consejo de guerra contra los golpistas), pero con la oposición atenazada por el trauma del 23 F. Las sucesivas mayorías absolutas del PSOE de González, con una Alianza Popular y un Partido Popular limitados por el famoso techo de Fraga, tampoco tuvieron eso de leal oposición, que con la llegada de Aznar al liderazgo de la derecha se redujo al márchese, señor González, corolario de los desmanes de la corrupción felipista que había llegado hasta lo que el propio González llamó cloacas del Estado. Con Aznar ya en La Moncloa, no hubo tampoco leal oposición en la primera de sus legislaturas (la de la amarga victoria que hizo virtud de la necesidad de acuerdos parlamentarios), con un PSOE consumido por la falta de liderazgo; y en la segunda, con la mayoría absoluta despilfarrada en la prepotencia y en la foto de las Azores, la supuesta leal oposición se redujo a lo que atinadamente fue calificado de política de pancarta. Estamos en una nueva alternancia en la que la aritmética parlamentaria convierte nuevamente en virtud la necesidad de acuerdos, y en la que los primeros pasos de la leal oposición han sido: 1) La llamada telefónica de Aznar a Bush para lamentar una decisión -legítima, como el propio Aznar reconoció ayer en un artículo que publicó ABC- ; y 2) la sesuda afirmación de Mariano Rajoy de que la política de la sonrisa acabará en el cachondeo padre. Alguien me dirá que leal oposición es la que no cuestiona la política de Estado y ofrece diferentes alternativas, que naturalmente satisfacen al electorado de esa oposición, a las propuestas del gobierno. Pero en estos primeros pasos estamos a mitad de camino entre las llamadas a Bush y el cachondeo padre.