28 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL MODELO industrial moderno ha tenido gran éxito, llevando a muchos países a una prosperidad sin precedentes, aunque desigualmente repartida. Sin embargo, buena parte de la opulencia actual está hipotecando la calidad de vida de las generaciones venideras. A mediados del siglo XX vimos nuestro planeta por primera vez desde el espacio, una esfera pequeña y frágil, dominada no por las obras humanas sino por un conjunto de nieves, océanos, espacios verdes y tierras. La incapacidad humana de encuadrar sus actividades en ese conjunto está modificando de manera preocupante el equilibrio. Aunque ya se considera la ecología como una prioridad política, el tema está sujeto a polémica y conflicto. Es una política cada vez más costosa; provoca enfrentamientos entre los países del Norte y los del Sur en torno a la definición de desarrollo sostenible; está ligada al comercio y puede servir de pretexto tanto para limitar la importación de bienes como para favorecer la exportación de aquéllos que tengan una supuesta naturaleza verde; finalmente, el debate se mueve muchas veces en el terreno de las conjeturas. La política medioambiental es además conflictiva porque convoca a un gran número de actores con intereses enfrentados y, a menudo, irreconciliables. Organizaciones internacionales, gobiernos, multinacionales, asociaciones industriales, grupos ecologistas, agricultores, sindicatos y consumidores son algunos de los actores que, mediante estrategias dispares, se disputan el protagonismo en una política en la que no existe acuerdo acerca de cómo afrontar el deterioro ecológico. Ya vemos cómo las eléctricas españolas no quieren pagar Kioto. La ecología no es una moda sino una urgencia vital. Esta semana recordamos el desastre de las minas de Aznalcóllar (en pleno Parque Nacional de Doñana) y de la central nuclear de Chernóbil. Pero no olvidamos al Urquiola, Mar Egeo y Prestige . El medio ambiente no existe como esfera separada de las acciones, ambiciones y necesidades humanas. Los seres humanos tenemos una cierta propensión a cometer errores de apreciación, de ordinario se rehuye hacer frente a los problemas cuya inmediatez no se experimenta. Cuando el estudio de la casa y la administración de la casa , esto es, cuando ecología y economía se fusionen, incorporando la perspectiva ética, entonces podremos ser optimistas acerca del futuro. En consecuencia, reunir estas tres E es el gran reto.