02 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ESPAÑA vuelve «al corazón de la construcción europea», en palabras de Rodríguez Zapatero, y se alinea con los grandes motores de la Unión Europea, que, por si alguien lo ha olvidado, son Francia y Alemania. Lo son hoy y lo eran ayer, e incluso lo eran antes de que la Comunidad existiese, como bien anticipó Winston Churchill en su visionario discurso de 1946 en Zúrich sobre «la tragedia de Europa»; una tragedia que, según él, consistía precisamente en no haber sido capaces de construir una familia unida, libre y feliz. El canciller alemán Gerhard Schröder y el presidente francés Jacques Chirac le brindaron una calurosa acogida al jefe del Gobierno español, que parecía encarnar el regreso del hijo pródigo. Ni uno ni otro escatimaron elogios y promesas ante la nueva actitud, netamente europeísta, que representa José Luis Rodríguez Zapatero. Y en este sentido es probable que el líder socialista español se haya beneficiado del rechazo que provocaba en sus interlocutores el inflexible y roqueño Aznar, que les causó más de una desazón y de un quebradero de cabeza. Su satisfacción ante el cambio que representa Zapatero era simplemente indisimulable. Porque el nuevo presidente del Gobierno español también significa para ellos una nueva oportunidad de impulsar la UE y, a la vez, una nueva oportunidad de rectificar sus particulares arrogancias y prepotencias (no exclusivas de José María Aznar, por cierto). Desde el sábado, la UE se compone de 25 Estados, y ni Schröder ni Chirac han demostrado hasta ahora que sean los líderes con la ambición y la generosidad suficientes para liderar esta nueva etapa. Éste es el verdadero problema. La esperanza es que la incorporación de Zapatero, con la creación del eje Madrid-París-Berlín, aporte un revulsivo suficiente para generar un discurso europeísta compatible con las preocupaciones nacionales de cada uno. Y entre las rectificaciones necesarias debe estar la de fortalecer las relaciones en pie de igualdad con Estados Unidos, con la progresiva reconducción del conflicto iraquí hacia una solución en el seno de la ONU. Zapatero es la novedad en el escenario, pero esta vez la novedad puede ser muy relevante.