LO MÁS indignante de la guerra de Irak es que, a pesar de haberse incumplido todas las previsiones hechas por los neoconservadores de la Casa Blanca, ninguno de ellos ha reconocido todavía sus errores ni ha pedido perdón. No importa que no hayan aparecido armas de destrucción masiva. No importa que la derrota de Sadam Huseín no fuese seguida por la anunciada (por ellos) aclamación popular. No importa que la posguerra se haya convertido en un infierno mucho peor que la guerra. No importa que no quede en pie ni una de las razones que se esgrimieron en su día para llevar a cabo esta invasión. Nada de todo esto los conmueve ni provoca su aceptación del error. Tiene razón Paul Kennedy, director de Estudios de Seguridad Internacional en la Universidad de Yale: a quienes habría que reclutar y enviar a Irak es a Paul Wolfowitz, subsecretario de Defensa.; al vicepresidente Dick Cheney, a Donald Rumsfeld (jefe del Pentágono), a Richard Perle, a Douglas Feith , a los que defendieron la política de fuerza en los medios de comunicación y a todos los que impulsaron e impulsan ciegamente la idea del «imperio estadounidense». Porque ellos sí querían esta guerra, y no hay noticia de que hayan rectificado sus argumentos sobre sus bondades. Pero empiezan a tener un serio problema (por eso se han apresurado a pedir perdón por las torturas): seis de cada diez electores estadounidenses consideran que la situación de Irak es insostenible, y la achacan a la mala gestión de Bush, cuyo respaldo ha caído al nivel más bajo de su presidencia (encuesta de The Wall Street Journal publicada el jueves). Y es que los ciudadanos sí que están viendo la diferencia entre predicar y dar trigo, la distancia entre lo dicho y lo hecho, y la irrefrenable proliferación de desastres y mentiras. Y saben que, ahora sí, el mundo tiene un problema creado por la Administración Bush: el endiablado conflicto de Irak. Y buscan una salida. Bush, Wolfowitz y los suyos no rectificarán, quizá ya no pueden hacerlo, pero basta con que los ciudadanos los echen del Gobierno. El mundo respirará. Y la lucha antiterrorista, que debe continuar con decisión, será más eficaz sin esos bomberos pirómanos.