LAS FOTOS de «soldados libertadores» convertidos en eficientes «soldados torturadores» han puesto en la picota a Donald Rumsfeld, de 71 años, secretario de Defensa de EE. UU. Rumsfeld es uno de los políticos con mayor ascendiente sobre Bush. Rummy (su alias de guerra en Washington) baila estos días en el filo de la navaja. Y lo notable es que hasta sus más enconados adversarios reconocen que se trata de un político de talento excepcional, con una viveza dialéctica relampagueante. Como guinda, se suele señalar que el viejo politólogo formado en Princeton ha hecho una labor magnífica al frente del Pentágono. ¿De verdad es Rumsfeld un fenómeno? En su cuadro de méritos se destaca ante todo que ganó las guerras de Afganistán e Irak en tiempo récord. La primera duró 40 días y la segunda, sólo 22. Rumsfeld podría ser, por tanto, el sublime estratega que se dice que es. Pero antes de ponerle la medalla, veamos algunos detalles: -El Ejército de EE. UU es más poderoso que los de las 25 naciones que le siguen juntas. -Afganistán era un país misérrimo. Irak había perdido ya una guerra, venía de diez años de embargo y estaba tan machacado que no tenía ni aviones. Estados Unidos arrojó 50.000 misiles pesados en el polvoriento Afganistán. En la campaña de Irak fueron cerca de 2.000 al día. Se emplearon bombas de racimo (prohibidas por Ginebra) y cortamargaritas (la mayor bomba convencional que existe). -Afganistán e Irak están fuera de control. Son casi irrecuperables. Conclusión asombrosa: si en lugar del gran Rumsfeld ponemos en el Pentágono a Chiquito de la Calzada, los resultados habrían sido similares.