Castilla y León
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Pobre Donald

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

14 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DONALD RUMSFELD ha tenido que dejar de leer los periódicos. No los soportaba. Porque es muy impresionable y las fotografías de las torturas a prisioneros iraquíes le quitaban el sueño. Y además le revolvían el estómago. Rumsfeld es un tipo extraordinario, poco habituado a saber que los demás también sufren. Y ha tenido un rasgo de sinceridad. Confesó a las tropas que ocupan Irak que en los últimos días dejó de leer los periódicos. En realidad al secretario de Defensa norteamericano le ha ocurrido lo mismo que a millones de peatones de todo el mundo. Que las imágenes de las torturas infligidas a iraquíes nos descompuso el cuerpo. Y hasta nos han dejado sin respiración. Pero en Rumsfeld es más comprensible porque guarda una delicadeza infantil. Lo que sorprende en un ser de sentimientos tan exacerbados es que desconozca los fines de la guerra. Es difícil comprender en una persona como él, que respira ternura por todos sus poros, que no sepa que el fin último de una guerra es la destrucción. Pero Donald, inocente, se acaba de enterar por los periódicos de que la brutalidad más despiadada también forma parte de los conflictos bélicos. Y por eso los dejó de leer. Rumsfeld ha arengado a sus tropas y les ha dicho que van por el buen camino. Que ni talibanes ni Al Qaida pueden estar amparados por la Convención de Ginebra. Lo que equivale a decir que se les puede aplicar el tiro en la nuca. Y les ha dicho también que se opone frontalmente a la publicación de esas imágenes. Debe ser para que no dañen nuestros sentimientos. Estamos a un paso de la locura. Atónitos por lo que vemos y escuchamos. Y eso que aún nos queda por saber lo que piensan los Legionarios de Cristo y los relevantes miembros del Opus que apoyaron la devastación desde el Gobierno español. A ver si lo soportamos.