ME REFIERO a los momentos en los que se elaboraron la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Quizá resulte oportuno describirlo cuando ha vuelto a hablarse de reformas. El escenario ha cambiado desde entonces. Formaciones políticas que rechazaron el Estatuto hoy lo admiten, otras que fueron reticentes lo asumen y la entonces responsable prioritaria de sus impulsos -la Unión de Centro Democrático- pertenece a la historia. El revival puede servir de recuerdo para unos y de conocimiento para generaciones jóvenes. Porque no fue fácil el alumbramiento de cosas que hoy resultan normales y no deben difuminarse y porque en el trayecto han quedado aspiraciones que sería positivo recuperar. Bastarán unas muestras. El artículo primero del Estatuto señala como tarea principal de la Comunidad Autónoma «a defensa da identidade de Galicia e dos seus intereses» , así como «da promoción da solidariedade de cantos integran o pobo galego» . Ningún representante político cuestionaría esta misión. Y, sin embargo, en la tramitación del proyecto se postuló su eliminación porque esas referencias suponían una alteración constitucional: no hay más que un pueblo español y no se especificaba que la identidad era la cultural. A ella se refiere otro artículo - «defensa e promoción dos valores culturais do pobo galego» - a lo que debe contribuir el constituido Consello da Cultura Galega -aportación original del Estatuto- y el por constituir Fondo Cultural Galego. El Estatuto fue pionero en el reconocimiento de la galeguidade de las «comunidades galegas asentadas fóra de Galicia» . Se trata de una consecuencia del entendimiento del pueblo, más cercano a la idea de comunidad que a su determinación geográfica. En línea con esa afirmación estaba un precepto rechazado según el cual «el Parlamento mediante ley podrá establecer una representación de los gallegos residentes en el extranjero». Pareció entonces una invasión de las competencias una reivindicación ahora reiterada sobre la participación de las comunidades autónomas en la Unión Europea y en la negociación de tratados internacionales. He aquí su trascripción parcial: «La comunidad autónoma gallega estará adecuadamente representada en las comisiones del Estado que lleven a cabo negociaciones en otros países u organismos internacionales en materias que afecten especialmente a Galicia. En particular, se asegurará su representación en materias de emigración, marítimas pesqueras y de las actividades agrícolas, ganaderas y forestales». En lo que atañe a la Economía y a la Hacienda, la imposición de lo que se había pactado para Cataluña hizo desaparecer propuestas que, en su meollo, han cobrado actualidad, tanto desde la perspectiva de Galicia como de las nuevas demandas del tripartito catalán. Con el fin de garantizar la igualdad tributaria requerida constitucionalmente se preveían medidas de igualación fiscal por el menor nivel de la renta y teniendo en cuenta también el coste más elevado de los servicios por razones derivadas de las diferenciales características geográficas y del asentamiento de la población. Por aquí puede constatarse una auténtica deuda histórica. Eso ocurrió en el pasado. ¿Dónde estará Galicia en el inmediato futuro que ha de labrarse desde este presente?