SEGURIDAD absoluta, coste infinito. Principio de tan absoluta evidencia no necesita demostración. Es lo que se llama una verdad axiomática. Pero aunque sea claro para todo el mundo, no lo es para Ariel Sharon, cuya política de seguridad ante el terrorismo palestino y frente a los palestinos que aborrecen la violencia terrorista sigue adelante caiga quien caiga, sean soldados del Tasal, guerrilleros de la Intifada, o población civil, árabe o hebrea. Tal evidencia no alcanza a Sharon ni a quienes lo apoyan desde la Administración republicana, especialmente en el Pentágono. Y así ocurre pese a que los costes humanos se disparen infinitamente, con la espiral de sangre, mientras que la seguridad que se alcanza no quepa preservarla con las torretas de los blindados ni con el cemento del muro divisorio. El último paso de Sharon hacia la seguridad absoluta está siendo la demolición de viviendas palestinas en la linde de la franja de Gaza con el territorio egipcio. Ha coincidido además la apertura de este nuevo capítulo con el encuentro en la zona de Colin Powell, el secretario de Estado, y el rey de Jordania. Y también, con el reconocimiento por el propio Powell y el mismo Tony Blair, de que en el caso de que el Gobierno provisional iraquí exigiera la retirada de las fuerzas de la coalición angloamericana, unos y otros, estadounidenses y británicos, se marcharían a casa. Hay algo más que semejanzas casuales entre los dos problemas ocluidos: el de Irak y el de Palestina. Echar la fuerza militar por delante de la política es tanto como poner el carro delante de los bueyes. Es la misma ecuación la que aplican el Pentágono y el Gobierno de Sharon, con Wolfowitz como enlace. Nada más lejos de ambos escenarios que la seguridad perseguida. Habrá que repensar la política para la región, gane quien gane en las urnas americanas de noviembre.