LA PRENSA aborda el siglo XXI en un contexto de innovación y perfeccionamiento de las tecnologías de la información y comunicación al tiempo que la sociedad occidental, inmersa en graves problemas medioambientales que apuntan a la tala de bosques como una de sus causas, toma conciencia de un acuciante fenómeno de irreversibilidad del medio natural, con catastróficas implicaciones para el devenir de la humanidad. Si a esto añadimos que para los jóvenes la exploración de la pantalla de un ordenador es casi una segunda naturaleza, como montar a caballo para los mongoles, el periódico impreso está condenado a desaparecer, sin excluir que pueda seguir subsistiendo como artículo de lujo, con tirada minoritaria. Aceptando que, muy probablemente, Internet constituirá el cauce privilegiado del vector de difusión de la prensa en el futuro, ésta debe ser estudiada como un caso particular de la economía de redes, sujeta a tres leyes. En primer lugar, cabe señalar que el lector deberá soportar el coste fijo de los medios técnicos necesarios para acceder al periódico y el pago, en general, de un coste de conexión y comunicación. Se constatan al respecto dos leyes empíricas. Gordon Moore, uno de los fundadores de Intel, predijo en su momento lo que actualmente se conoce como la ley que lleva su nombre: la potencia de los microprocesadores se doblará cada dieciocho meses. La predicción se ha verificado hasta la fecha y, dado el actual nivel de conocimientos técnicos, lo seguirá haciendo allende el horizonte 2015. Paralelamente al aumento de la potencia, el precio de los microprocesadores no cesa de disminuir, de tal forma que, para potencia de cálculo equivalente (expresada en general en millones de instrucciones por segundo, MIPS) se observa un descenso del 30% anual. Es decir, todos los consumidores potenciales de periodismo digital podrán disponer de ordenadores potentes y baratos para descargar el periódico de su elección con todos los servicios que en su momento ofrezca. Ahora bien, para poder interconectar en red cada vez más ordenadores ha habido que esperar al correspondiente progreso técnico en las telecomunicaciones. Por ello, la ley de Moore no habría bastado para garantizar la viabilidad del periodismo digital, pues la explosión del tráfico en Internet ha sido posible solamente gracias a los progresos técnicos realizados en el campo de las telecomunicaciones (fibra óptica). De ahí el enunciado de la ley de Gilder: la expansión del ancho de banda se triplica cada año. Al finalizar la década de los setenta del pasado siglo, la utilización progresiva de la fibra óptica permitió la transmisión de datos por el ancho de banda con un coste cada vez más reducido. El coste de transmisión de un bit de datos por kilómetro de fibra óptica se dividió por cuatro entre 1977 (año de la primera utilización de fibra óptica con fines comerciales, en el centro de Chicago) y 1993 (año del enunciado de la ley de Gilder). Pero, aun más importante, a las leyes de Moore y Gilder hay que añadir una tercera, de carácter económico, conocida como ley de Metcalfe: el valor global de una red aumenta aproximadamente como el cuadrado del número de usuarios. Esto significa que cada nuevo lector del periódico aporta más valor que el precedente, y, en consecuencia, se genera una externalidad de red, efecto club, o rendimientos crecientes de adopción. En términos empresariales, las consecuencias de esta ley, aunque difíciles de explicar (efecto locking o cerrojazo de mercado), son fáciles de entender: a) los primeros periódicos digitales en asentarse en su mercado gozarán de una inmensa ventaja inicial por fidelización de los lectores; b) quien alcance el umbral del 15% del mercado será muy difícil de expulsar, a condición de que cubra los costes fijos.