La corbata fosforescente

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

23 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LA REFORMA constitucional está de moda, y cualquier político que se precie lleva en su bolsillo una propuesta de última generación: deshilachada (como la pamela de María Chantal), asimétrica y dinámica (en plan Victorio&Luchino), o clásica y minimalista (estilo Miguel Palacio). Como si de una boda real se tratase, todos pugnan por lucir un modelo original y ajustado a protocolo, que les libre de la evidencia de encontrarse en un mundo que nunca les perteneció, y al que sólo llegan cuando está en plena decadencia. Y por eso resulta inevitable que, al lado de algunos trajes sustancialmente hermosos (firmados por Chanel, Roberto Verino o Christian Lacroix) tengamos que soportar excentricidades como la corbata de Marichalar o el vestido de Marta Luisa de Noruega, como si la chispa y la osadía de un atuendo pudiesen disculpar su mal gusto. Ni siquiera Galicia, que vive su historia junto al mar del Finisterre, se está librando de los dictados de la moda. Y de ahí proviene el nerviosismo y la precipitación que muestran Touriño y Quintana para poder lucir una reforma estatutaria que sea equiparable a las de Maragall e Ibarretxe. Los dos son conscientes de que nuestro capital político es mucho más menguado que el de catalanes y vascos. Tampoco ignoran que nuestra falta de hábito en estas fiestas de ruptura y reforma nos pone en riesgo de hacer un espantoso ridículo. Pero ambos están convencidos de que los trenes del progreso sólo pasan una vez, y que tienen la histórica obligación de buscar modistos y sombrereros que, aprovechando los forros del viejo Estatuto, y haciendo combinaciones imaginativas con los complementos que Fraga Iribarne lucía en sus guerreras, consigan cosernos un traje que dé el pego en las televisiones de toda España, y que no nos deje, junto a Cantabria y Extremadura, del otro lado de la verja. Pero yo me temo lo peor. Porque, mientras Ibarretxe y Maragall iniciaron su proceso haciendo un diagnóstico, que luego los llevó a proponer una pauta quirúrgica, nosotros estamos iniciando el camino al revés, copiando las pautas quirúrgicas de nuestros vecinos, para establecer después un diagnóstico consecuente. Que ellos quieren cupo, nosotros también. Que ellos piden la caja de la Seguridad Social, nosotros también. Que a ellos no les importa un bledo la política agraria, a nosotros también. Y así, copiando y copiando, se pasan la vida entera¿, a su vera, a su vera, siempre a la verita suya, hasta el día en que se mueran.. Por eso me temo un fiasco. Porque somos como plebeyos, invitados de ocasión, en el banquete de gala de vascos y catalanes. Y eso siempre se va a notar, aunque nos pongamos una corbata fosforescente.