El presente desorden

OPINIÓN

28 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ALMERÍA acogerá mañana el Día de las Fuerzas Armadas, esta fiesta itinerante que según donde se celebre es algo menos que un cambio de guardia clandestino o un desfile en toda regla con gentío, banda y música en homenaje a los ejércitos de España. Este año será vistoso y estará dedicado a los soldados que han muerto en el extranjero, incluidos los fallecidos en Irak y los que dejaron su vida al estrellarse el Yak-42 que los traía de su misión en Afganistán. Con la llegada a Torrejón de Ardoz (Madrid) de un vuelo procedente de Kuwait, se completó el lunes el regreso de los militares españoles enviados a Irak. Tan sólo queda un pequeño contingente que se encargará de repatriar desde Camp Virginia (Kuwait) el material pesado de la brigada Plus Ultra. Quienes achacaron el 11-M a la presencia de tropas españolas en Irak respirarán tranquilos: ya estamos a salvo de otros 11-M. Quienes, por el contrario, llevan tiempo alertándonos del terrorismo islamista y de la radicalización de sus nuevos combatientes, seguirán insistiendo en que los españoles y el resto de los europeos tenemos que ser activos en la autodefensa contra el neomedievalismo religioso que se camufla en Europa bajo formas occidentales para extender su yihad contra el progreso, en alianza o no con la franquicia binladista de Al Qaida. En su reciente libro Bajo puertas de fuego , Emilio Lamo de Espinosa, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense y director del Real Instituto Elcano de Estudios Internacionales y Estratégicos, sostiene que lo que está pasando ahora, tras la caída del muro de Berlín y el final de la guerra fría (guerras, brutales atentados terroristas, caos, profundo y desgarrador desorden en un mundo globalizado de asimetría total a favor de Estados Unidos) sólo se puede combatir con la coordinación de los servicios de inteligencia, conclusión a la que también llega en su libro Yihad la italiana Loretta Napoleoni, experta del Fondo Monetario Internacional, que considera que la irrupción del terrorismo islamista es equivalente, un milenio después, a las Cruzadas de la cristiandad en Oriente. Ambos fenómenos históricos pretendían abrir paso a una nueva clase surgida entonces de la Edad Media y ahora de las economías emergentes. Al Qaida -sostiene Napoleoni- es un contrapoder que defiende los intereses de una clase económica y empresarial del mundo árabe a la que no se le permite acceder a los circuitos del capitalismo legal. A su juicio, la manera de combatir este nuevo terrorismo no es ni con la policía ni con el ejército, sino «siguiendo la pista del dinero y afrontando el fenómeno a escala mundial». Y para Lamo de Espinosa, «la guerra no es la respuesta. Hay que enfrentarse a este nuevo problema a través de la inteligencia» y añade que «el reto de la gobernabilidad del mundo tiene que surgir de Occidente ('la línea maestra de la historia', como la define Francisco Rodríguez Adrados), que es donde mayores han sido la libertad y la prosperidad. De lo que se trata es de proyectar esos valores a escala internacional», subraya. Si la manera de afrontar estos nuevos restos es mediante la unidad de acción de los servicios de inteligencia, harían bien nuestros políticos en trabajar en ello y no en hacer banderías con las que sacar ventaja al oponente, porque en esto de la seguridad no caben atajos. Todos vamos en el mismo barco.