Lorenzo y los espíritus

| ALFONSO DE LA VEGA |

OPINIÓN

29 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

XAQUÍN Lorenzo fue un estudioso de la sociedad rural gallega en sus muchas manifestaciones. Una de ellas es el planteamiento sobre la muerte y los muertos. Joyce también tiene un impresionante relato titulado precisamente Los Muertos , que forma parte de su libro Dublineses , que daría lugar luego al testamento fílmico de John Ford: es una hermosa reflexión sobre la potencia del amor y la vida que supera en su dimensión muchas de las pasiones, entre ellas la política, y la estrecha concepción nacionalista y localista de las cosas. Lorenzo también se ocupó del mundo de los muertos y sus relaciones con los vivos. Tanto en Galicia como en otros lugares, la Iglesia, cuando no pudo cambiar la visión pagana y animista de la sociedad, intentó bautizarla o maquillarla con sus propias doctrinas. Pero como ya Martín, el obispo de Braga, denunciara en su tratado sobre la corrección de los rústicos, y casi un milenio más tarde, ya en el siglo XVI, Pedro Ciruelo ratificara en su Reprobación de las supersticiones y supercherías , buena parte de las concepciones precristianas acerca de la vida espiritual se mantenía entre el pueblo no muy bien cristianizado. El resultado es una mezcla muy curiosa que en lo estético puede observarse en la compostelana capilla de las Ánimas: sobre la geometría racionalista de una fachada neoclásica se muestran unas almas corporizadas en el Purgatorio. Por no citar el Corpiño y sus exorcismos, o las carreras de ataúdes de Santa Marta. Pero al buscador espiritual estas cuestiones, más que a la sonrisa suficiente, le deben llevar a preguntarse qué realidades espirituales subyacen en tantas tradiciones populares trasformadas en supersticiones. Las respuestas quizás pueden buscarse entre los planteamientos espiritualistas de teósofos, hilozoistas, cabalistas, espiritistas, o, en lo empírico, entre los científicos investigadores del mundo astral.