La lógica del miedo

OPINIÓN

03 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY UNA decisión política que respondería a la lógica y que podría resolver el conflicto judío-palestino: la retirada israelí de los territorios ocupados y el desmantelamiento de los asentamientos. Pero, como sostiene el ex ministro laborista israelí Shlomo Ben Ami, esta postura tiene un gravísimo inconveniente: que nadie la entiende. Así se avanza en la lógica del miedo y de la desesperación, que, curiosamente, tanto el primer ministro israelí, Ariel Sharon, como los radicales palestinos entienden y comparten sin dificultad. Lo malo es que no conduce a ningún destino deseable ni ofrece una salida válida para el actual avispero. Los judíos saben que no habrá un Estado de bienestar eficiente en Israel sin una paz duradera y completa. Los palestinos, por su parte, saben que no gozarán de un Estado propio, ni podrán planificar un futuro, ni alcanzarán su tranquilidad, en tanto no contribuyan al establecimiento de unas fronteras definitivas y seguras en la zona. Lo saben unos y otros. Pero la situación, en su encono, les ha dado el altavoz a los radicales. Los integristas palestinos, en la lógica de alguno de sus inspiradores, aseguran que Israel es un araña: temible en apariencia, pero en realidad fácil de aplastar. Sharon, inmerso en la misma lógica, cree que los palestinos son el enemigo al que hay que abatir ya que encarnan la detestable araña de sus pesadillas. Una dinámica que no ha hecho más que exacerbarse en los últimos años, dejando malparados a los defensores del entendimiento de uno y otro lado. Por si todo esto no sumase suficiente confusión, Arafat asoma en una televisión israelí y le tiende la mano del diálogo a Ariel Sharon, después de afirmar que ha evitado treinta y cuatro atentados suicidas contra Israel en las últimas siete semanas. Sharon, dedicado a superar mociones de censura en el Parlamento, ni siquiera le ha contestado. No quiere darle credibilidad a Arafat, a quien considera un fantasma del pasado. Mientras, en Gaza, 1.300.000 palestinos (14.000 personas por kilómetro cuadrado) multiplican su desesperación detrás de una verja. Y sigue la lógica del miedo.