Selecciones autonómicas

| GERARDO G. MARTÍN |

OPINIÓN

03 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ES EVIDENTE que para un número probablemente nada despreciable de españoles, aunque minoritario, la honrilla de la patria chica, sea una urbe o una comunidad autónoma, no podemos ni queremos depositarla en la punta de la bota de ningún futbolista. Ni de cualquier otro deportista menos contaminado por los intereses mercantiles. Que si en ocasiones tenemos queja hasta de los políticos que hemos elegido para representarnos, ¿por qué vamos a confiar como defensores de nuestras convicciones y ni siquiera de nuestros intereses a unos señores por el hecho de que tiran muy bien el martillo, encestan a la perfección o cosas semejantes? Quizá a muchísimos españoles nos importe poco que haya o no selecciones autonómicas. En definitiva, las hubo regionales -Dios ¿se podrá pronunciar la palabra, sin despertar alguna que otra ira?- en los últimos años de la Restauración, en vísperas de la dictadura de Primo de Rivera, y andaban por esos campos de fútbol compitiendo sin mayores problemas. La polémica no sé si nace tanto por el hecho de que pueda haber selecciones autonómicas que lleguen a competir con la de España, o más bien porque los políticos todos a una han jugado al equívoco como tantas y tantas veces. El máximo armadanzas, el PSOE, dejó la iniciativa parlamentaria de tal modo que valía igual para un roto que para un descosido, podía satisfacer lo mismo a un españolista como José Luis Rodríguez Ibarra que a un nacionalista como Pascual Maragall. Pero esos milagros de efecto rápido finalmente tienen una duración muy escasa y uno u otro se sienten engañados. Habrá que ver quién experimenta tal sensación después de las muy diversas intepretaciones, la de Rodríguez Zapatero restrictiva, abierta totalmente la de Pasqual Maragall. Y es que ya no les llega con rectificar precipitados anuncios ministeriales, a lo peor tienen que cambiar una iniciativa parlamentaria. Que se lo encarguen a Javier Rojo, el presidente del Senado, experto en alterar votaciones sobre la marcha.