Volvieron a Europa

| JOSÉ LUIS MEILÁN GIL |

OPINIÓN

05 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HACE SESENTA años de la invasión de Normandía. Ese día D constituyó el punto de inflexión de la Segunda Guerra Mundial en el escenario europeo. Soldados americanos, británicos y canadienses llevaron a cabo una amplia y arriesgada operación de desembarco en zonas de la costa francesa asociada a nombres ya históricos como Omaha. El tiempo era lo suficientemente malo para convecer a los mandos militares alemanes de que no se produciría la invasión, que los servicios secretos habían hecho creer que estaba dispuesta para Calais. Cuentan que, por ello, Rommel se fue tranquilamente a casa a festejar el cumpleaños de su mujer. No había seguridad del éxito. El número de bajas en ese día ascendió a unas 10.000 de los 150.000 que participaron en la primera oleada por mar y aire. No fue arenga convencional la de que pertenecían a dos clases de hombres: los muertos y los que iban a morir. Entraba dentro de las convicciones personales antes del desembarco. La descripción de los hoy supervivientes hace real lo reconstruido en películas. Volvieron a Europa los americanos para luchar contra la locura de Hitler, salvando la soledad de Gran Bretaña y la debilidad de una Francia ocupada. Para el pueblo americano fue una guerra próxima, aunque se desarrollase lejos de sus fronteras. Porque se combatía -o así se percibía- contra una agresión a principios que necesitaban ser defendidos. No eran soldados profesionales los que arriesgaron sus vidas y las perdieron; sino ciudadanos que compartieron aquellos ideales. Cualesquiera que sean las matizaciones que hayan de introducirse, no parece desproporcionado considerar aquella gesta como una acción libertadora. En la posguerra volvieron los americanos para contribuir con importantes ayudas a la reconstrucción de Europa. No quedó reducida esa contribución a las infraestructuras, a lo económico. Hizo posible que Alemania y Francia -enfrentadas bélicamente dos veces en la primera mitad del siglo XX- iniciasen lo que ha terminado por ser la actual Unión Europea. Por influencia de principios asumidos por los americanos, la ley fundamental de Bonn, que preside la moderna Alemania felizmente unificada, supuso un giro copernicano en la trayectoria constitucional anterior. Volvió la primacía de los derechos fundamentales, la dignidad de la persona como garantía frente al totalitarismo del Estado. Derechos que alumbraron el nacimiento de los Estados Unidos de América de los que, como decía la Declaración de Virginia en 1776, no se pueden privar o desposeer, que son base y fundamento del Gobierno. Con sus vueltas a Europa nos devolvieron lo que aquí tuvo sus raíces y se oscureció en prolongados períodos. Aunque España quedó al margen del Plan Marshall, como europeos de pleno derecho y larga historia, podemos participar en el reconocimiento de lo que ha sido la aportación americana a Europa, más allá de una utilización de coyuntura y libres de prejuicios doctrinarios.