La otra foto

| ERNESTO S. POMBO |

OPINIÓN

07 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

UNO, con su habitual candidez, había asumido que Jacques Chirac era un desleal y un traidor. Que aspiraba a romper Europa y la ONU y que nunca entendió los peligros que entrañaba Sadam Huseín. Uno siempre pensó, porque así se lo habían dicho, que Chirac era de poco fiar porque no se posicionó al lado de los EE. UU. cuando las armas de destrucción masiva iraquíes amenazaban nuestras vidas. Pero mira por dónde, ahora resulta que Bush se deja retratar al lado del presidente francés y hasta acepta alcanzar un acuerdo para dar salida al enjambre iraquí. Bush elige con gran tino a sus compañeros de fotografía. Hace más de un año se retrató en las Azores, al lado de Blair y pasándole el brazo por el hombro al profesor asociado de Georgetown. Los necesitaba entonces para iniciar la devastación iraquí. A la vista de los resultados, ahora precisaba de otra imagen. Por ello, no dudó en viajar hasta Normandía para hacérsela con el hasta ayer infiel Jacques Chirac. Decía Alfonso Guerra que el que se mueve no sale en la foto. Tenía razón. Chirac no se movió ni un milímetro y al final ha quedado en la única fotografía que tiene validez. La que cierra la discordia entre Europa y EE. UU., o lo que es lo mismo, la que quedará para la historia como la del inicio de la reconciliación. Abrumado por el descalabro, Bush ha tenido que rendirse a la evidencia. Pedir ayuda, entenderse con Chirac, recurrir a la ONU y aceptar que es incapaz de desactivar el polvorín. Puede disfrazarlo como quiera. Pero esa es la realidad. La foto de las Azores no le dio más que disgustos y se ve obligado a hacer un nuevo retrato. En el camino deja a sus compañeros de las islas atlánticas. Uno, tambaleándose ante las críticas. El otro, explicando en la Universidad de Georgetown que Chirac era un traidor que quería destrozar el mundo.