Las promesas de Magdalena

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

CON UN PALMO de narices nos ha dejado la ministra de Fomento. Que después de haber asegurado que el Plan Galicia no es nada, que no existe, diga que ella reducirá los plazos de ejecución a la mitad, ciertamente no sé si es para tomarla en serio. La mitad o el doble de nada es simplemente nada, ¿será ese su argumento de futuro? Me temo que Zapatero no puede mandar de excursión a esta joya y considerarla como la quintaesencia del nuevo talante. Por sus intervenciones broncas parece otra cosa. Esta andaluza más que recordar los buenos tiempos de su paisano Alfonso Guerra pleno de ironía y maldad, además de cultura, la tal Magdalena remeda a otro político de la misma procedencia que ella: aquel Pepe Solís que tenía el general Franco como piquito de oro del régimen, un hijo de Cabra -o sea, egabrense- que le importaba un bledo mentir poco o mucho, aunque eso sí lo hacía con una sonrisa en los labios. El caso es que no es la ministra Magdalena Álvarez la única que nos hace preocuparnos por lo poco que ha durado el talante. Los incendiarios se han hecho bomberos, o lo que es igual los que defendían a brazo partido los derechos de los emigrantes frente al PP, ahora les desalojan de las iglesias con la policía por delante... y salen en cascada a expandir los santos óleos democráticos sobre esa acción. O el ministro de Interior, récord de despropósitos a su cargo o por cuenta de los que están a sus órdenes, tiene casi tres meses a los damnificados por el 11-M dando vueltas por áreas burocráticas de la Administración hasta que se le ocurre atenderles. O el mismísimo Zapatero, que en su ingenuidad va a ser arrollado por la resolución de la ONU que nunca creyó que llegara, por poner ese condicionamiento a la salida de nuestras tropas de Irak. Lo cierto es que el cabeza de lista de este Gobierno se encuentra en estado de gracia. Él y los que cobija bajo su manto podrán hacer lo que les plazca, con escaso coste, en tanto la gracia no se desparrame, como la sal.