¡Hombres de poca fe!

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

10 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL PRESIDENTE Rodríguez Zapatero deslumbró ayer a la ciudadanía con la cantidad y, sobre todo, la calidad de información que posee. Según confesó a Iñaki Gabilondo en la Cadena Ser, el pasado 18 de abril, hace casi dos meses, ya conocía los términos en que se iba a redactar la última resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Por eso ordenó el regreso inmediato de las tropas españolas destinadas en Iraq. Después de esa revelación, nuestro presidente ha de ser considerado como el dirigente occidental, por no decir mundial, mejor informado de la tierra. Para él no hay misterios de la diplomacia. Los acuerdos de los demás líderes, tan secretos para el común de los mortales, son conocidos por nuestro gobierno con una antelación que tiene que causar la envidia de los países de nuestro entorno. Pero todavía hay un motivo mayor de admiración: lo bien que Zapatero ha sabido guardar esa información. En sus anteriores intervenciones públicas, no ofreció nunca el menor indicio de estar en posesión de esas claves. Hizo tan poca referencia a esa resolución, que mismamente parecía no tener ni idea. Es probable que no la haya compartido siquiera con sus ministros pues, de lo contrario, se habría producido alguna filtración. Tampoco utilizó sus servicios oficiales de prensa, para ir creando un clima favorable en este momento de críticas e incomprensiones. Y algo también meritorio: no utilizó los medios afines, para irnos preparando. Definitivamente, José Luis Rodríguez Zapatero es un hombre al que se puede confiar un secreto. Cualquier secreto. Incluso una resolución de la ONU que tanto afecta a su primera y más comprometida decisión. Es una lástima que esta enorme capacidad de discreción no sea comprendida por otros dirigentes políticos de relieve. Por Mariano Rajoy, por ejemplo, que se permitió insinuar que la declaración de Zapatero produce sonrojo. Menos mal que siempre nos quedará Gaspar Llamazares, dispuesto a defender el rigor y la credibilidad del gobierno, con la excepción del rigor y la credibilidad de Solbes. ¿Y qué me dicen de los medios informativos? Para mi asombro, incluso he notado un cierto cachondeíllo ayer, en alguna emisora de radio que comunicaba a sus oyentes la gran revelación de Zapatero. ¡Hombres de poca fe! Quizá sean los mismos que están predicando todos los días de forma agresiva e insolente que España se queda aislada en el concierto de las naciones, precisamente por esa resolución. Son los que piensan que este gran país, por fin autónomo e independiente, ha vuelto a los tenebrosos lugares de donde lo había rescatado el gran José María Aznar: los «rincones de la historia» y «la orilla del camino». ¡Gentes de poca fe!