El fantasma de Anguita

| JOSÉ MARÍA CALLEJA |

OPINIÓN

17 jun 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

UN FANTASMA recorre España: Anguita. Julio Anguita, desaparecido de la primera línea de la política en los últimos años, vuelve ahora a los medios de comunicación para decir todo lo mal que se han hecho las cosas en la dirección de IU en su ausencia y para participar en el debate que esta organización ha convocado con el fin de analizar las causas de tanta derrota electoral. Anguita vuelve, pero lo hace de forma, si cabe, más patética. Dice, muy serio: «En mi horizonte teórico no descarto la violencia»; sostiene que los países comunistas tenían mejor calidad de vida que los capitalistas y , en plan innovador, argumenta que da igual el partido político que esté en el poder, porque quien gobierna es siempre la banca, o las empresas petrolíferas. Cuando se le señala que no es lo mismo que gobierne José María Aznar -que llevó a España a la guerra de Irak- o José Luis Rodríguez Zapatero -que sacó las tropas españolas de aquel país-, duda un segundo -a este hombre las dudas le duran muy poco- y sale con que los socialistas apoyaron la primera Guerra del Golfo y los bombardeos en la antigua Yugoslavia. Es significativa la animadversión que le suscitan a Anguita los socialistas. Siempre está dispuesto a decirles de todo, a llamarles, incluso, criminales de guerra -como tildó a Javier Solana cuando las fuerzas de la OTAN, conforme a la legalidad internacional, acabaron con la limpieza étnica en los Balcanes-. Entre crítica y crítica feroz a los socialistas, Anguita siempre tenía tiempo para echar un cafelito con Aznar, en los momentos más duros de la legislatura de la crispación, entre 1993 y 1996, para departir con él en medio de sonrisas cortesanas o para dejarse seducir por una persona tan de izquierdas como el director de un medio madrileño que oficiaba de alcahuete en las relaciones entre Aznar y Anguita, derretido éste en su vanidad ante tanto piropo proclamado en pro de la pinza. Pero lo peor de este personaje es su oportunismo. Sale ahora a decir lo que hay que hacer, justo cuando en IU se están lamiendo las heridas del enésimo batacazo electoral. Resurge ahora con sus recetas manidas, llenas de tópicos, con su tono prepotente y aburrido para hurgar en una herida, la de IU, que tiene más de estructural que de achacable a la gestión de unas u otras personas. Anguita no parece querer enterarse de que lo que está en juego es si IU tiene o no sentido a fecha de hoy y que para avanzar en ese debate hace falta cuarto y mitad de modestia y nada de vanidad o personalismos a los que tan aficionado es este sujeto de modales autoritarios y fatuos. Anguita no es capaz ni de discutir, ni de debatir, ni de dialogar, ni de oír a nadie que no sea su propio ego. Condena la menor discrepancia desde la elevada percepción que tiene de sí mismo como baluarte de la ética mundial a lo largo de la historia. Pero lo cierto es que no tiene motivos para sacar tanto pecho tantas veces: en época de Franco tenía edad penal para luchar contra aquella dictadura y, mientras otros penaban en la cárcel, él no estaba ni se le esperaba. El fantasma de Anguita quiere recorrer España; malos tiempos para Llamazares.