JORDI SEVILLA, uno de los ministros por el momento más grises del primer gabinete Zapatero, ha dicho, a propósito de la investigación del 11 M, que tanto José María Aznar como Mariano Rajoy deberían pedir perdón a la ciudadanía, por las mentiras que han trasladado a los españoles. No veo yo al castellano y profesor invitado de Georgetown con disposición para pedir indulgencias a nadie, sea colectiva o individualmente. Con lo que, sin duda instalado en una convicción semejante el señor ministro, debe pensar que Rajoy podría ser el único que aceptara su sugerencia. ¿O también Sevilla se engaña a sí mismo y no confía en que ninguno de los dos populares vaya a tener en cuenta su consejo? Rajoy, que por ahora ha tenido diversos destellos pero no un conjunto de acciones y reacciones que le consagren en su liderazgo, podría muy bien aceptar el envite y convertirse en el primer político español que, al pedir perdón, rechazara explícitamente la mentira previa. Que de alguna manera la condenara y enseñase a los electores una pauta de comportamiento. ¿De qué político podemos afirmar que no ha mentido nunca? Medito largamente, reviso listas de hombres públicos admirados o desconsiderados... y lo cierto es que no puedo poner la mano en el fuego por ninguno. Muy cerca tenemos el caso de Emilio Pérez Touriño, que aseguraba estos días que el PSdeG no va a impulsar una moción de censura en Vigo, y el compañero de viaje que necesitaba para ello, el nacionalista Lois Castrillo, ha salido inmediatamente para acusarle de mentiroso, puesto que el Bloque recibió ofertas socialistas, hace sólo semanas, para tomar esa iniciativa. De inmediato se ha puesto en la misma lista a Pérez Castrillo, porque también el BNG ha intentado últimamente propiciar la moción. Lo cierto es que está en nuestra mano y no en la de los políticos ofendernos y castigarles por cada mentira que pongan en circulación. Para colmo, les disculpan más en campaña electoral, como si la mentira no fuera miserable en cualquier circunstancia.