CORRÍA LA PRIMAVERA de 1994. Roldán en fuga, después de que un grupo mediático, por cierto, anunciara su inminente entrega; los escándalos de la Cruz Roja y del Boletín Oficial del Estado, entre otros, en primera página; y acababa de conocerse que un alto cargo de Interior había viajado a Ginebra con un maletín con fondos reservados para pagar en la ciudad suiza el silencio de Amedo y Domínguez (GAL) a sus respectivas esposas. Me encontré en un restaurante del viejo Madrid con un recién dimitido alto cargo y le espeté: «¿Hasta dónde váis a llegar?». «Y aún no sabes lo peor -me respondió apesadumbrado-; el viaje a Ginebra se encargó a una agencia y hay fotocopias de la factura». Dos años después, los escándalos ahogaron al PSOE en una dulce derrota electoral, pero el partido que trajo la modernidad a España y que nos metió en Europa tardó ocho años y cinco secretarios generales (Felipe González, Almunia por dos veces, Borrell y Rodríguez Zapatero) en recuperar el poder, e incluso hubiera tardado un mínimo de cuatro años más sin la torpe gestión que el PP hizo de la terrible matanza de Madrid del 11-M. Salvemos las distancias, que no son pocas, siquiera sea porque con el PSOE, o el felipismo si se prefiere, acabaron quienes metieron la mano y también quienes metieron la pata, mientras con el PP, o el aznarismo si se prefiere, acabaron quienes metieron sólo la pata, al menos que sepamos hasta el momento. Pero viendo el desarrollo de la comisión parlamentaria que investiga el 11-M; constatando lo ocurrido con el Yakolev-42 y, sobre todo, la falta de reacción del entonces ministro de Defensa Federico Trillo; empecinado Mariano Rajoy en «salvar los muebles» en un incendio para cuya extinción hace falta algo bien distinto a la gasolina que supone defender la gestión de quienes metieron la pata hasta la mismísima ingle; a la espera aún de las sorpresas que nos deparen otras revelaciones por ejemplo del Prestige , hay que preguntar también: «¿Hasta dónde...?». Le recuerdo a Rajoy: ocho años, cinco secretarios generales y la terrible jornada del 11-M. Y por el camino que van, que no espere que la gran crisis la resuelva Gallardón y su discurso político de apertura del Congreso del PP, con sus ejercicios de malabarismo intelectual, que diría el alcalde de Madrid.