HA VUELTO a Santiago de Compostela el hombre que siempre estuvo de vuelta (e incluso de espaldas). Ha vuelto este sábado, con sus 63 años a cuestas, para ser el mismo que nunca se fue: el Bob Dylan de Blowin in the wind y el de Love and thef , el de Los tiempos están cambiando y el de New morning . Un creador único. Diferente (siempre, cada vez). Insobornable. Insustituible. El gran poeta del folk-rock. El deslumbrante rey de una carretera hecha pedazos de sueños. El genuino rebelde sin nombre de las naciones de Wight y de Woodstock. El despiadado defensor de causas aparentemente perdidas. El irónico saqueador de sistemas obsoletos. El látigo imprescindible de nuestras propias expectativas, siempre estúpidamente desmesuradas. Ha vuelto ahora sin haberse ido nunca, y cada vez que vuelve parece que es la última oportunidad que tenemos de estar con él, de poder decir: Yo vi a Dylan ¡en Compostela! Yo estuve con ese gran hombre que no da un duro por estar conmigo (así es el juego). Yo conocí al cantautor por excelencia, al que arrasó en los años sesenta, hasta el punto de transformar todo lo que vino después... Yo sí, yo estuve con él en la película Pat Garret & Billy The Kid . Él era un segundón llamado Alias. Yo era Billy El Niño, el pistolero más rápido al oeste del río Pecos. Estábamos en un cine y no pude evitar esta transubstanciación. Desde entonces no lo he vuelto a ver. Pero sé que él siempre regresa al lugar del crimen . Varía las formas, pero no el fondo. Sus palabras permanecen. Ni siquiera él se atreve a cambiarlas: sabe ya que no son suyas, sino nuestras. Son el argumento de nuestras vidas, sobre todo en lo que éstas tienen de equivocadas. ¿Con qué derecho podría alterarlas? Con ninguno. En verdad, sólo puede interpretarlas de nuevo. Y cuando lo hace, el pasado revive, el presente se engrandece y el futuro se convierte en una ironía más fácil de sobrellevar. Con su imagen chaplinesca y su mirada esquiva (propia de alguien tímido y celoso de su intimidad), vino a decirnos que todavía no se ha ido. Que ha vuelto. Y que el Apóstol Santiago y él están de nuestra parte. Palabra de Dylan.