CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |
20 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.MUCHOS lusistas fueron como a una eucaristía. Era su gran noche. El concierto era en el corazón de Galiza, Santiago, y con el ministro progre, Gilberto Gil, que fala portugués coma nós. Se llevaron un chasco espectacular, una lección de cultura universal. Gil se esforzó en hablar castellano y, claro, le empezaron a pitar. Le gritaron «em portugués», «em portugués». El ministro se dio cuenta y mandó parar: «Hay que ser menos nacionalista y más internacionalistas». Por si las dudas, abrió los ojos de los creyentes de fe ciega: «Para los brasileños, la nación hermana es España». Más silbidos. Les estuvo bien por ser nacionalistas radicales como Aznar. Justo en donde el domingo se oficiará la homilía del 25 de xullo. ¿Quién será el orador, Beiras o Quintana? ¿Quintana en A Quintana dos vivos o en la de os mortos? En fin, Gil, que dio un concierto karaoke, continúo con su clase de cultura universal: cantó a Bob Marley, el Imagine de Lennon y hasta un tango. No faltó su punto religioso, «el Apóstol, hermano de Cristo». Lo mejor fue ver a un ministro que baila. Mi hermano, el rubio, dijo una gran verdad: «Algún día, muchos ministros serán así». El día que no utilicemos el idioma, la cultura, para excluir. cesar.casal@lavoz.es