DEDIQUÉ un tiempo prolongado a revivir imágenes de ciudades españolas de los años cincuenta, valiéndome de una colección de libros muy valorada ya en su tiempo. Centré mi atención en los frentes marítimos urbanos; y así constaté las grandes y no siempre positivas modificaciones efectuadas. Solamente una ciudad, San Sebastián, ha sido capaz de mantener casi intocable el perfil de su línea de contacto con el mar. En las demás las transformaciones, con ser importantes, lo fueron menos de lo que a priori esperaba, a no ser un hecho común: la excesiva elevación de los volúmenes edificados, formando a lo largo de todo el litoral mediterráneo una sucesión de pantallas arquitectónicas de inevitables e irreversibles impactos ambientales y paisajísticos. La añoranza ante el otrora bellísimo frente marítimo malagueño hoy totalmente destruido, los rellenos en las dunas del istmo gaditano, las grandes ampliaciones de los puertos, como Barcelona o Tarragona, el gran puerto exterior de Bilbao, o el deterioro de la bahía interior de Santander fueron los más notorios. Lo que sí creo poder afirmar es que, a la vista de las imágenes revisadas, fueron las ciudades gallegas las que más alteraron el frente marítimo, con enormes rellenos portuarios, con graves alteraciones visuales, morfológicas y funcionales de nuestras antes hermosas fachadas urbanas. La que peor lo ha hecho ha sido Pontevedra, tanto desde el punto de vista medioambiental como por la ruptura del antes armonioso escalonamiento del caserío hasta su coronación por la solemnidad de Santa María. Tampoco Vigo se libró, aportando lo que probablemente sea la mayor superficie de relleno marítimo español, el de Bouzas, acompañado de otros impactos menores pero significativos por toda la ría. El diálogo de la ciudad olívica con el mar sigue sin recomponerse, al menos las antiguas y bellísimas imágenes del Berbés y las Avenidas así lo manifiestan. Tampoco Vilagarcía se libró de los rellenos, preparando los perfiles que luego provocarían un continuo e innecesario alejamiento entre la fachada urbana y el mar. Asimismo A Coruña, donde los topónimos locales del Relleno y el Rellenado hablan por sí solos, vió cómo la curva semicircular y abierta de su bahía se llenó de muelles, grúas y almacenes para dar lugar a una fachada gris, masiva y desordenada, tan distinta de la bellísima fachada modernista de ayer. Tal vez ahora se pueda recomponer. Menos mal que se compensó con el paseo marítimo. Pero donde los rellenos avanzaron más fue en la ría ferrolana, en Perlío, en La Malata, en Mugardos, y ahora en la bocana de la ría, lo que hasta hace poco era un singular desfiladero marítimo. Los ferrolanos son peligrosos a la hora de rellenar, pues en la misma ciudad acaba de surgir la descabellada idea de rellenar un sector de la ría de Ares para construir un nuevo puerto. Me preocupa esta pervivencia de la filosofía desarrollista en Galicia. Parece que todavía no hemos asimilado la lección de la sostenibilidad y que en el mar, en nuestras rías o en nuestras playas no veamos sino oportunidades para producir suelo urbano, portuario o industrial a bajo coste, o en todo caso financiado con un dinero público, que es el de todos, aunque no lo parezca.