No puede ser así

| VENTURA PÉREZ MARIÑO |

OPINIÓN

21 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ESQUEMA de un Estado parte del supuesto de que éste, para ser democrático, ha de estar dividido en tres poderes autónomos -Ejecutivo, Legislativo y Judicial-, controlándose los unos a los otros o instituyendo al menos mecanismos públicos de autocontrol. Tan es así que la precursora Declaración de Derechos francesa de 1789 enunciaba enfáticamente que todo Estado que no acogiese el principio de la división de poderes carecía de Constitución, o, lo que es lo mismo, quería significar que el presupuesto de la separación es indispensable para todo gobierno basado en el consentimiento de ciudadanos libres . En nuestro país, la Constitución obedece a ese mismo esquema, sin perjuicio de que, como ha ocurrido en todo el constitucionalismo occidental, la significación de la división ha sufrido modificaciones, y otras instituciones, como es el caso de los partidos políticos, juegan un papel transcendente. No cabe duda, en ese sentido, que los partidos en la práctica, sin llegar a sustituir al Poder Ejecutivo o al Legislativo, lo determinan de forma elocuente. Como menos influenciable, o si se quiere más autónomo, se puede catalogar al Poder Judicial. La elección de sus miembros, los jueces, por medio de sistemas de oposición o concurso, así como sus características de independencia y amovilidad, le evita determinaciones partidarias. No es, sin embargo, así en el órgano de gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, cuyos 20 miembros son elegidos por Congreso y Senado, lo que viene a señalar de origen adscripciones ideológicas. Todo lo anterior es conocido, pero su actualidad se debe al revés sufrido por el juez Baltasar Garzón en su intento de presidir la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional. Como es sabido, ayer, los vocales que componen la mayoría conservadora del Consejo del Poder Judicial optaron por nombrar a otro juez para dicho cargo. A los bienpensados ajenos al tema judicial, no cabe duda que les habrá producido extrañeza. Implícitamente se les ha dicho que existe un juez con mas méritos que «ese» Garzón, demoledor en la lucha contra ETA, pionero (inventor) en perseguir las mafias de la droga, inflexible con la corrupción política, enérgico con la corrupción económica, defensor impenitente de los derechos humanos, anunciador del integrismo terrorista islámico, candidato al Premio Nóbel de la Paz, devolvedor de la fe en la Justicia, derrochador de trabajo... ¿ Por qué ? Más allá de una diatriba contra los vocales conservadores del Consejo General por su decisión, cabe una reflexión, que es la necesidad de que las razones que les han llevado a desdeñar a Garzón sean conocidas. La elección es discrecional, pero eso no puede suponer que sea immotivada y por ello, en su caso, arbitraria . Es teóricamente posible, pero bien improbable, que el juez elegido tenga mas méritos que Baltasar Garzón, y si es así deben explicitarlos. Entretanto, nos deben una explicación. Los nombramientos del Consejo no pueden convertirse en decisiones como se toman en un cortijo propio. Porque sí.