La espiral de Oriente Medio

RAMÓN LUIS ACUÑA

OPINIÓN

26 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ISRAEL, una isla en el océano árabe, sufre el «complejo de obsidiana», como se llamaba a según las crónicas la psicosis colectiva de ciudad cercada en tiempos de los romanos. Geográfica y psicológicamente padece un estado de sitio. De ahí viene en parte su carácter agresivo actual. La imposible convivencia de árabes y judíos ha creado una situación en Oriente Medio de solución casi imposible. El conflicto parece haber salido del tiempo y del espacio, el enfrentamiento entre los dos pueblos es tan profundo que no se atisba solución alguna: un laberinto sin salida. La cuestión aparece ahora particularmente incierta, tiene abiertos todos los frentes, puede estallar -aún más- por cualquier lado. Una injusticia sucede a otra, un acto terrorista de la Yihad Islámica viene después de una represión del ejército israelí y así hasta la náusea. Todas las potencias están implicadas, los países árabes y la Autoridad Palestina son protagonistas; Estados Unidos al lado de Israel, la Unión Europea, circunspecta y crítica respecto a los gobiernos israelíes. Cualquier noticia se crispa al máximo. El Tribunal Internacional de La Haya ha declarado ilegal el muro eléctrico y de hormigón que Israel ha construido en Cisjordania, muro considerado «de la vergüenza» por muchos observadores, pero que ha logrado disminuir los atentados. Pues bien, Tel Aviv desafía a este tribunal y ha proclamado en reiteradas declaraciones que no reconoce su jurisdicción. Otro serio choque: París acaba de considerar como una afrenta el reciente llamamiento del primer ministro israelí Ariel Sharon para que los judíos franceses emigren a Israel en vista del antisemitismo creciente que se da en el país  galo. Y Francia, molesta al ser tachada de antisemitismo, hizo saber que una eventual visita de Sharon a París sería considerada inoportuna. Es un «no va más» de las relaciones entre los dos países, un efecto colateral indeseable del conflicto principal. Por otra parte, se da en Israel una unión sagrada entre Ariel Sharon, de derechas, sionista, y Simon Peres, de izquierdas, laborista, políticos israelíes antagónicos que han hecho un pacto para la formación de un gobierno de Unidad Nacional que acabe con la amenaza de elecciones anticipadas, ya que serían las terceras en menos de tres años y medio. Para desconectar este corto-circuito, los israelíes de ambos bandos hacen frente común. Y hay un rayo de esperanza con referencia a las conversaciones para desatascar el interminable diferendo: Sharon y Peres se han puesto de acuerdo en cuanto a la formación de la comisión para acelerar el proceso de descolonización de la franja de Gaza -territorio palestino hasta ahora irredento- , proceso previsto para antes de que termine el año 2005. Y se han puesto de acuerdo incluso para tratarlo no sólo bilateralmente sino a tres bandas incluyendo en la negociación a un representante de Yaser Arafat, presidente de la Autoridad Palestina. Pero falta mucho hasta el 2005. De momento el día a día es la espiral desesperante de atentados y represión que ensangrienta la aciaga región.