EN DERREDOR
29 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.LOS CURSOS universitarios de verano son como las madrileñas tiendas del Rastro: o te topas con una joya o te encuentras un cachivache, solo que todo ello en ideas. Ahora atribuyen a Jaume Matas, el presidente balear, que en el curso «El centro reformista, garantía de estabilidad y progreso», ha dicho que el problema del PP es encontrar el lenguaje adecuado, hay que hacer autocrítica de forma profesional. Yo no creo que por poner a Acebes a hablar con la guía del perfecto centrista en la mano, y siguiendo las pautas que la tal guía marque de manera estricta, nadie le vaya a considerar un Adolfo Suárez redivivo. Más bien me temo que en muchos casos lo que puede pensar el auditorio de importantes militantes del PP es que tuvieron un pecadillo de juventud que se llamaba UCD pero están más que perdonados. Los políticos, o matan al mensajero, como hicieron días atrás en una impresentable conferencia de prensa los gallegos Ricardo Varela e Ismael Rego, o fían a las técnicas de comunicación la salvación de la causa. Cuando el elector busca mucho más que una información correctamente transmitida, y le preocupa que las ideas y las actitudes, incluso el talante del que tanto ha hablado el presidente Rodríguez Zapatero, respondan realmente al centrismo, o a lo que sea. Yo mismo, después de resistirme más de una década a ello, creí en un momento dado que el centro podía cobijarse en el PP-AP. Los últimos acontecimientos que me convencieron que centrismo y Partido Popular eran hoy por hoy partidos incompatibles fueron la guerra de Irak y poco antes el accidente del Prestige . A uno se le puede llenar la boca de moderación y de otros conceptos de política sosegada, de centrismo, pero si eso se da en los mismos que han reaccionado de modo impresentable participando en una guerra y gestionando mal un gravísimo accidente, el público olvida aquel mensaje y tiene bien presentes estos hechos. Como ocurrió en marzo, cuando los españoles se convencieron de que no podían estar centrados los protagonistas de la gran manipulación del 11-M.