-ADELANTE, amigo Mariano. Siéntese ahí. ¡Traigan unos refrigerios y déjennos solos! -Me encanta esta silla, ¿de dónde..? -Permítame que le interrumpa, porque la historia de esta silla tiene su intríngulis: la compré en Madrid, en una subasta de muebles que habían pertenecido a Samuel Bronson, el afamado productor estadounidense, que rodó en España películas como El Cid y 55 días en Pekín . Asuntos en los que, humildemente, uno también tuvo algo que ver desde el ministerio, je, je. -Qué interesante. Bueno. Yo querría hablarle ahora de una cuestión que no es baladí, sino un asunto de una importancia colosal. El próximo año se celebran en Galicia las... -Mi querido amigo, permítame que le interrumpa. Llegados a este punto, me gustaría recordarle, a modo de simple referencia, mi agenda de anteayer. A las seis y media mantuve un desayuno de trabajo con el jefe de los tiraboleiros del botafumeiro. A las ocho y cuarto, recibí al vicecónsul de la embajada de las Islas Feroe, donde, como usted bien entenderá, hay importantes oportunidades para las empresas gallegas. A las nueve y diez, ya estaba en Camariñas, inaugurando un busto en recuerdo a la decana de la palilleiras; y a las diez y cinco, me acerqué un momento a Os Ancares, donde repartimos llaves para las dos primeras pallozas de protección oficial, proyecto pionero por el que ya se han interesado en la Unesco. Luego comí con nuestra militancia en Lalín, en una agradable Festa da Brona con Cachucha, un homenaje promovido en mi honor por el pundonoroso amigo Pepe. Ya por la noche, me fui a ver a Café Quijano y me tomé un café en la Quintana con el tal Quintana. Y dicho lo dicho, creo que no hay mucho más que hablar sobre el asunto que usted me plantea. -Admirable, admirable. Entonces, yo le digo, que si usted dice finalmente que sí, yo no diré ni que sí ni que no, pero tampoco permitiré que le digan a usted que no así como así. -Mi querido amigo, entre estadistas no hay como hablar claro. Ahora váyase. Y punto.