Limitación del partido estatal

OPINIÓN

07 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

UN PARTIDO político organizado de manera que su ámbito territorial coincida con el del Estado, constituye un dato en el panorama internacional. En España esa realidad, construida en torno al PSOE y el PP, se encuentra, sin embargo, influida por una historia, que explica la configuración del Estado autonómico, con una amplia descentralización de competencias, y la existencia de formaciones nacionalistas. La tendencia a la centralización de los partidos, que manejan los resortes de las listas electorales cerradas, junto al seguidismo de las directrices que emanan de la cúpula, erosiona la libertad para atender los intereses de la circunscripción por sus representantes. Una dificultad que es menor en los sistemas de distritos unipersonales o en aquéllos, como el norteamericano, en el que domina la concepción del partido como cauce electoral y tienen una mayor flexibilidad de funcionamiento. Las limitaciones del sistema se están comprobando con el Plan Galicia. Los dirigentes -y supongo que los militantes- del PSdG han de hacer malabarismos dialécticos para traducir palabras por cifras, promesas por compromisos, retrasos o recortes por mejoras y acelerones. No es de ellos la culpa. Se encuentran limitados por la orientación que emana de la central, que diseña la política general, de acuerdo con las prioridades del partido en su conjunto. Sucede que esas prioridades se formulan de conformidad con la aportación de votos -de presente y de futuro- indispensables para mantener y consolidar el Gobierno. De ahí, las asimetrías que produce la presión catalana o andaluza o extremeña, sin contar los guiños domésticos al León natal. Ello explica, también, que algún gallego trate de compensar la debilidad estructural, haciendo valer su autoridad personal-institucional. Se trata de una constante en el funcionamiento de los partidos de alcance estatal, desde el comienzo de la etapa democrática que vivimos. Ocurrió con UCD en relación con el Estatuto de autonomía de Galicia. Lo que habían sido facilidades para el País Vasco y para Cataluña se tornó en obstáculos e incomprensiones para Galicia. Hubo que sostener, desde aquí, una desgastadora resistencia. No sin razón, sus opositores reprochan ahora al presidente Fraga su disciplinado comportamiento partidario en materia autonómica o en los primeros compases del Prestige , cuando revive propuestas y reivindicaciones que quedaron durmientes en el período del presidente Aznar. No es cuestión de personas, sino de la concepción del partido. El de carácter estatal tiene ventajas innegables, pero también alguna limitación estructural. Facilita el acceso al poder y reclama contraprestaciones, por la vía de la disciplina. O se asume el coste que ello conlleva o se busca otra solución que la supere. Al mismo tiempo no se puede soplar y sorber.