Otros trasvases

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

13 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE los tiempos más remotos los hombres se las han ingeniado para llevar agua de las zonas sobrantes a las deficitarias. Los faraones impulsaron los regadíos del valle del Nilo que permitieron la pervivencia de su civilización durante miles de años. Los asirios dejaron muestras de su técnica en las llanuras mesopotámicas y los romanos en sus acueductos y sistemas de cloacas. En España hay notables ejemplos de aprovechamientos hídricos, como también otros de despilfarro, desidia y egoísmo. En la actualidad, y mientras el Gobierno ha decidido suprimir el trasvase del Ebro al Turia, al Júcar y al Segura, con un ramal hacia el embalse de Sant Jaume, en Barcelona, en diversas partes del mundo se han aprobado y están en fase de ejecución obras de más envergadura que buscan el mismo fin: aprovechar y repartir mejor el agua. Citemos algunas recogidas por Quo : China, después de inaugurar la presa de las Tres Gargantas, la mayor del mundo, ha iniciado los trabajos del trasvase Yangtze-Huang He (río Amarillo). Se construirán un canal de 1.200 kilómetros, un túnel de 100 kilómetros, una presa de 300 metros de altura y se ampliará y reacondicionará el actual Gran Canal para trasvasar 21.000 hectómetros cúbicos al año (el del Ebro eran 1.050 anuales). India ha acelerado los planes para trasvasar agua desde varios ríos que desaguan las nieves del Himalaya, hacia las cabeceras de otros 17 que riegan las regiones sedientas del sur y este del país. El trasvase será de 1.500 metros cúbicos por segundo, equivalente a 35 veces el del Ebro-Levante. Y desde hace 20 años está realizando obras para transferir 1.100 metros cúbicos por segundo desde el río Narmada, el quinto de la India, hasta las zonas áridas de Rajastán y Kutch, mediante un canal de 460 kilómetros. Libia lleva a cabo, desde 1984, trabajos para transportar hacia la costa mediterránea, desde el acuífero Nubian Sandstone, en el sudeste de su desierto, un caudal de cinco millones de metros cúbicos diarios (casi el doble del trasvase del Ebro) de aguas fósiles (no renovables), conservadas en profundidad desde hace 20 siglos, cuando el Sahara era húmedo. Egipto, que desde la terminación de la presa de Assuán, que creó el mayor lago artificial del mundo, el lago Nasser, no había planificado ninguna obra importante de este tipo, se propone afrontar los proyectos Sinaí y Valle Nuevo. En el primero se subirán aguas del Nilo por debajo del Canal de Suez, a un ritmo de 12 millones de metros cúbicos diarios (casi cuatro trasvases del Ebro), para regar regiones áridas del norte de la Península del Sinaí, donde se planifica el asentamiento de cuatro millones de personas. El proyecto Valle Nuevo derivará aguas del lago Nasser hacia la depresión de Toshka, a razón de casi 13 millones de metros cúbicos diarios. Turquía, mediante el Gran Proyecto Anatolia, extraerá agua de las cabeceras de los ríos Tigris y Éufrates para regar nueve grandes planicies mesopotámicas y algunos valles de la región sudeste, construyendo 22 grandes presas. Australia pretende trasvasar aguas de los ríos Clarence, Pioneer, Burdekin y Ord, en la cordillera costera oriental, hacia las zonas áridas del interior. Y por último, en Sudáfrica y desde hace años se están construyendo seis presas y 260 kilómetros de conducciones para trasvasar aguas desde la cabecera del río Orange, en la República de Lesotho, hasta el Witwatersrand, con las que paliar las necesidades de Johannesburgo y Pretoria. Para todas estas grandes obras que marcan el curso de la historia de los pueblos hace falta voluntad política, esfuerzo colectivo y solidaridad. Y todo esto ha faltado para nuestro modesto trasvase del Ebro.