Reescribir la historia

MANUEL MARLASCA

OPINIÓN

16 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY una especie de maldición en nuestra clase política, que sucumbe siempre a la tentación de reescribir la historia. Lo hizo el PSOE de Felipe González que se apoderó de nuestra ejemplar transición, con olvido, que es tanto como desprecio, de Adolfo Suárez, verdadero artesano de la misma por más que su motor fuera el Rey; ya lo había hecho antes Alfonso Guerra con un par de eructos calificando a Suárez de «tahúr del Mississippi» o situándolo a la grupa del caballo de Pavía. La reescribió José María Aznar empezando en aquel plenario europeo de Bruselas de primeros de mayo de 1997, al que asistí como enviado especial de La Voz, y en el que el entonces presidente del Gobierno se apropió como protagonista del largo camino hacia el euro, en cuya primera velocidad entraba España, con olvido, que es tanto como desprecio, de los pasos que previamente habían dado los gobiernos de González. Anda en lo mismo el de Zapatero, dispuesto a retorcer la historia hasta convencernos de que los ocho años de Aznar fueron un molesto paréntesis, en el que si España progresó fue incluso a pesar de los gobiernos del PP. El asunto anda ya próximo a la náusea, porque nos intentan convencer de que quien desencadenó la guerra en Irak fue Aznar, y falta poco para que nos digan, a mayor abundamiento, que ante la firme decisión del presidente español, Bush y Blair no tuvieron más remedio que acompañarle en la declaración de guerra; en consecuencia, la subida del precio del petróleo es también asunto de Aznar, que supongo algo acabará por tener que ver en las economías emergentes de China y de India y su manía de consumir más petróleo. Parecemos, pues, condenados a una política pequeña y miserable, en la que es capital la descalificación del contrario (con estos modos ni siquiera se puede hablar de adversarios). Da igual, ya se ve, a la derecha que a la izquierda. Porque, por poner otro ejemplo, mientras el Partido Popular prepara congreso poco menos que de refundación, con la imagen del desastre del 14-M (Acebes y Zaplana) a la cabeza, al ex ministro del Interior del 11-M no se le ha ocurrido todavía algo tan sencillo como decirle al pueblo español: «Nos equivocamos, señores, nos equivocamos». Pero eso sería un signo de grandeza... Demasiado para el cuerpo de nuestra clase política.