Córcholis

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

26 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

ESCRIBIÓ mi compañera Susana Basterrechea en esa joya literaria que es el suplemento Culturas: «Una señora de la limpieza recorre la estancia de un museo con una enorme bolsa de plástico. Coge un trozo de corcho blanco pintado. Duda, no sabe qué hacer. Pero entonces ve que está firmado. Lo deja sobre la mesa. De basura a arte en un segundo. Toda una metáfora del mundo actual». El texto es una reflexión de la periodista en una entrevista con la pintora Soledad Sevilla, que impartió este verano un curso para artistas en el Museo de Arte Contemporáneo de Fenosa. Viene al pelo para hablar sobre qué es auténtico y qué no lo es en arte, de corcho a córcholis. Ya escribí sobre las maravillas que se ven en Arco en Madrid: una canasta de baloncesto o un radiador, ambas obras firmadas. El radiador también hizo dudar a una limpiadora. Hay mucha estafa. Mucho artista que pinta puntos y rayas como si un cuadro fuese un tratado de radiotelegrafía. No todo es basura. Hay obras a manchones que logran que el corazón te dé una voltereta. Para gustos, ya se sabe. Pero entiendo que la limpiadora dudase. Es tan importante en la vida distinguir lo falso de lo verdadero. Lo más importante. Y lo más difícil. cesar.casal@lavoz.es