CUATRO HITOS paisajísticos; cuatro referentes antropológicos, etnográficos y geográficos; cuatro lugares emblemáticos del imaginario colectivo; cuatro centros de atracción turística, y cuatro representaciones significativas del inadecuado tratamiento urbanístico, medioambiental, paisajístico y turístico de nuestro maltrecho litoral. Cuatro imágenes disonantes de mis peregrinaciones estivales. Empezaré por el final, por el Finisterre. Allí, en el cabo, el desastre es cósmico, de tal modo que el feísmo antrópico aqueja a todo el lugar, a la villa, al puerto y al faro.El segundo símbolo es el cabo Vilán, que haciendo honor a su anterior denominación de Villano ha visto, impasible, como su entorno natural se envilecía por la acción humana. ¿No podrían haberse encontrado localizaciones mejores para la enorme piscifactoría o para el desaforado ingenio de los molinillos eólicos? Se han empeñado en demostrar que el maridaje entre las nuevas tecnologías y el desarrollo sostenible no es posible, y lo han conseguido, por más que la experiencia ajena encuentre en ese binomio un factor consistente de compatibilidad. Pero aquí la villanía desarrollista triunfó sobre la sostenibilidad. La tercera referencia fue la de San Andrés de Teixido, donde el atraso se petrificó, el abandono se expandió, y la suciedad y la ruina se asoció al mito. Y, por fín, en la Estaca de Bares, donde el excepcional conjunto de los molinos de agua se derrumba, y lo que queda de un molino de viento también. En el puerto de Bares, un campamento ilegal pero consentido amenaza la playa y a uno de los restos arqueológicos más enigmáticos de nuestro litoral. Miles de visitantes, muchos de los más variados países europeos, se han acercado este verano a estos privilegiados enclaves de nuestra geografía humana y turística. Ellos son los primeros sorprendidos por la falta de una adecuada planificación. Y lo peor es que mejorar estos lugares no requiere grandes inversiones, bastaría con una acción sensibilizadora de la población, ayudada por los mínimos apoyos financieros precisos. Algo así como lo que se inició con la aplicación del modelo de desarrollo comarcal, pero con soportes más sólidos. No podemos seguir indiferentes ante el creciente deterioro de estos y otros lugares. Se necesita, en definitiva, volver a pensar Galicia desde abajo. Sentir a Galicia desde dentro. Reconstruir Galicia desde sus cimientos. Parece que a los políticos de hoy son otros los intereses que les mueven, los horizontes que les preocupan, los modos de ver Galicia que los sostienen. Cada vez es menos el tiempo que nos queda para que el destrozo no sea total ¿Hasta cuándo, Galicia, vas a seguir soportando tanto agravio?