TRES AÑOS DESPUÉS del infame ataque a las Torres Gemelas, ¿hemos logrado vencer al terrorismo? Seis meses más tarde del ruin atentado contra trenes de Madrid, ¿estamos más seguros? Convertimos el terrorismo en el gran reto de nuestra existencia y, sin embargo, echando la vista atrás nos damos cuenta de que no damos ni un paso acertado para su erradicación. Y que la pesadilla continúa hoy más viva aún que el primer día. En nuestros calendarios marcamos el día 11 como una fecha siniestra. En realidad no sólo lo es ella. Empiezan a serlo todos los días del año porque las acciones violentas se suceden sin ajustarse a ninguna regla ni precepto. Hoy ya nadie es libre de la locura terrorista. Y por eso, porque todos estamos en el punto de mira, no faltan quienes tratan de aprovecharse, rentabilizando nuestros miedos. Asentando sus éxitos sobre los espantos y los horrores. George W. Bush puede haber encontrado el camino de la reelección con la promesa de un mundo más seguro y sin terrorismo. Vladímir Putin accedió al Kremlin con esta misma oferta. Acabar con el terrorismo. Como lo hizo Ariel Sharon. Y, sin embargo, ahí están. Metidos hasta las cejas, metiéndonos a los demás y alimentando la espiral de violencia. Porque a Putin, a Bush, a Sharon y a cuantos se rigen por los mismos parámetros, el terrorismo no les va mal. De ahí que rechacen cualquier posibilidad de reflexión y racionalidad y se empeñen en que la violencia se frena con más violencia. Que el terror se ataja con más terror. Que la solución a la bomba de un suicida es un bombardeo masivo. Y en esas estamos. Saltando por los aires en medio mundo. A los descerebrados que utilizan el terror y el chantaje nunca les asiste la razón. Lo malo es que a quienes subvencionamos para que los combatan, también la están perdiendo.